La peluquería de Macario Valdovinos servía de “foro intelectual” donde se filosofaba ampliamente de todos los temas habidos y por haber. Acababa de hablar el “donjuán” del pueblo contándoles su última aventura: “La semana pasada que fui a llevar una carga de cacahuates a Uruapan, conocí a una muchacha. Yo creyéndola muy inocente, por poco y le hago la promesa de casorio. Me dejó frío cuando me dijo: hay que apurarle al gusto unas cuantas veces porque mañana le voy a pedir perdón a mis papacitos y les voy a decir que ya no lo vuelvo a hacer. Todos rieron de su ocurrencia y como siempre, casi nadie le creyó. En eso estaban cuando entró Herculano, el “Medallas” y se sentó en la banca poniéndose a platicarles sobre el accidente que le había ocurrido: “Esta vez trajeron la 'Ola' más grande que habíamos visto en el pueblo. El dueño de los juegos me iba a pagar cinco pesos por empujarla toda la noche. En una de las tandas, ya se había subido la gente y la Ola iba llena. Después de varias vueltas, me le quedé pegado para que me levantara a mí también, pero cuando iba mero arriba, se me resbalaron las manos y me di un zapotazo muy fuerte. Todos los que estaban alrededor, soltaron la carcajada y casi se meaban de la risa. Yo me levanté muy 'girito' como si no me hubiera dolido y le avisé al dueño que iba a mi casa a untarme un poco de árnica. En toda la noche no pude dormir de tamaños dolorones en las costillas y en el hombro y es hora de que no se me quitan”. Macario, que estaba afilando la navaja en el cuero para poder rasurar mejor al “faifitas”, le dijo:- Yo creo que el único que te puede curar es Esculapio Medrano ya que es el que mejor “soba” y se las sabe de todas, todas.- Sería bueno que me acompañaras a verlo, para que lo convenzas de que no me cobre caro. He visto que ustedes son buenos amigos. Le contestó Herculano.- Íbamos juntos a la Escuela “Morelos” y allí nos hicimos amigos. Me acuerdo que me platicó, cuando éramos chamacos, que su papá le puso el nombre que tenía porque quería que un día fuera doctor y como el dios griego de la medicina se llamó “Esculapio”, pos así lo bautizó. También me decía, que como no pudo costearle la carrera de medicina, su papá, lo mandó a estudiar con un pariente que vivía en un pueblo llamado Cuetzalan, en la Sierra Norte de Puebla. Macario le había dicho a Herculano que esperara a cerrar la peluquería para acompañarlo a su curación. Cuando ya iban de salida rumbo a la Calle de La Muralla, donde vivía Esculapio, Jeremías el “Faifitas” les dijo:- Yo los acompaño porque necesito comprar unas yerbas pa' la ronquera porque no puedo acompañar bien en los cantos al Profesor Cirilo y el Señor Cura me regaña mucho por los “gallos” que se me salen a la hora del The Deum laudamus. También le dijo a Macario que les contara sobre lo vacilador que era Esculapio.- Me acuerdo que cuando regresó de Puebla, casi nadie quería comprarle sus yerbas ni pagarle las consultas. Hasta agarró fama de “brujo”. Algunas mujeres ni se le acercaban porque era de los que se despedían con un pellizcón de nalga. Otras gentes no lo querían porque decían que era blasfemo y todo por una cancioncilla que siempre andaba diciendo: “Señor de la Bondad y el Buen Consejo,Te pido con fervor y devoción,Que me quites un poco lo pendejo,Y me aumentes bastante lo cabrón”.
Cuando llegaron con Esculapio, lo saludaron y los hizo pasar a su casa. Tanto Herculano como Jeremías desconocían la vivienda y se extrañaron de su contenido: por todos lados había animales disecados, ardillas, tlacuaches, aguilillas, víboras, tecolotes, murciélagos y de muchas otras especies. También vieron infinidad de costalitos conteniendo diferentes tipos de yerbas. Macario ya iba preparado para hacer la acostumbrada apuesta que consistía en ver si Esculapio tenía una yerba desconocida y si no la presentaba, perdía la apuesta. En determinado momento en que ellos seguían revisando la casa, Macario le dijo a Esculapio:- Ahora si te voy a ganar, porque apuesto a que no tienes la “uva de perro”.- Pues estas equivocado. Caminó hacia una alacena y sacó un paquete, al mismo tiempo que agregaba Aquí tienes la zarzaparrilla que así le mientan a la uva de perro.- En todos estos años que llevo de conocerte, nunca te he ganado, le dijo Macario.Y diciendo esto, para demostrar todo lo que su amigo sabía, iba mencionando el nombre de cada una de las plantas medicinales, y Esculapio las mostraba a Herculano y a Jeremías: la Yoloxóchitl o flor del corazón para el espanto, la melancolía o los nervios; el muicle, para aumentar la sangre; el estafiate, para el recargo del estómago; la genciana o la damiana o el escoromujo, para el dolor de cabeza; la planta de la virreina, para la bilis; la cincollagas, para el reumatismo; la nochebuena, para el dolor de menstruación; la mejorana, para el frío de la mujer; el colorín, para el dolor de muelas; el güinare, para las hemorroides, el hinojo de castilla, para cuando se va la regla (pa' el susto); el floripondio, para el dolor de espalda; las hojas de toloache cocidas con sebo, para las hemorroides; para el chincual, la rosa de castilla y la hierbamora (se baña a los niños). También presentó otras recetas escritas por Martín de la Cruz en el Códice Badiano y de otra obra prohibida por la Inquisición llamada: “El Florilegio Medicinal” de donde sacó nombres de plantas como el simonillo, la aceitilla, el tobardillo, la tripa de pollo, la siempreviva, la hierbasanta, la hierba del sapo, el chicalote, la espina del burro, la gobernadora, el poleo, la prodigiosa, el zoapatle y …. Se hubieran seguido varias horas, mencionando las propiedades curativas si no fuera porque Herculano ya se retorcía del dolor mientras que se recostaba en un petate que estaba en la habitación. Fue entonces que Esculapio empezó a pasarle los dedos por diversas partes del cuerpo para descubrir cuáles eran las más dañadas. Cuando le pasó dos dedos juntos por la nuca, vio que Herculano cerraba los ojos y emitía un quejido. Esculapio le preguntó:- ¿Te espantaste mucho en la caída?- Solo cuando ya estaba en el suelo y sentí un aleteo muy fuerte.- Eso fue porque tu nagual te abandonó.Todos quedaron un rato en silencio después de escuchar esta palabra. Posteriormente, Jeremías, le dijo a Esculapio:- ¿Cuéntanos lo que sepas sobre los naguales?El aludido no contestó de momento y solamente se rascaba la mollera y trazaba en el suelo unas letras, como si pidiera permiso a alguien para poder hablar. Pasado un buen rato, les dijo:- Les voy a platicar acerca de las creencias de la gente de allá de la Sierra Norte de Puebla y que se parecen en muchas cosas a las leyendas de otras partes de México. Ellos dicen que todas las personas están formadas por tres partes: el yollo, que es lo que conocemos como la voluntad; el tonal, que es la chispa o la razón y que es como la sustancia vital que nos mantiene agarrados al mundo y por último, el nagual, que es la parte animal que todos tenemos. Al mismo tiempo que una persona nace, nace un animal que comparte el destino de esa persona y es su nagual, el cual puede ser un coyote, un perro o un zopilote. Por eso Herculano escuchó un aleteo cuando se cayó; su nagual es un halconcillo y con el susto, se le salió el alma. El nagual de cada persona le presta sus capacidades, como por ejemplo, ver bien, correr más recio o tener resistencia y fuerza para vencer a otras personas. Ahora bien, el término nagual, significa también disimular o engañar y existen muchas personas que tienen el poder y pueden cambiar de forma para esconderse y engañar a los demás y a ellos se les llama brujos. Por lo tanto, toda la gente común tiene nagual pero no puede transformarse en animal. Los brujos que agarran la forma de animales tienen mucho poder ya sea para ayudar a curar a la gente o para “hacerle un daño” a alguna persona que alguien odia. Cuando un brujo con este poder está en su “tarea” de proteger, usa la adivinación para decirle al que lo contrata, las cosas que le van a ocurrir en lo futuro y también le interpreta sus sueños para lo cual el brujo come, toma o fuma algunas plantas que le hacen “ver visiones”. Durante la “consulta”, riega todo el lugar con flores, prende velas, quema copal y reza para obtener el perdón y la devolución de la salud o el regreso del alma perdida. Algunas veces mata una gallina o un pollo negro. Todo esto lo hace en la casa del enfermo porque, generalmente, allí es donde se pierde el alma. También acostumbra proteger las casas colocando una planta de romero al mismo tiempo que reza El Magnificat o la oración de San Silvestre y haciendo que el paciente se ponga su ropa al revés. Cuando un brujo va a hacer un encargo o “mala tarea”, primero se transforma en animal, para lo cual se coloca cerca de un fogón y empieza a rezar oraciones, que al principio son rezos cristianos pero después se mezclan con otras falsas letanías, dichos y hasta mentadas de madre que emborucan al que lo esté acompañando. Posteriormente, se pone unas alas de petate y empieza a aventar al fogón copal revuelto con pedazos de raíz de toloache y de la yerba del tornaloco. Después de esto y aunque ustedes no lo crean, el brujo-nagual se va volando y entra a la casa de la víctima y le chupa la sangre, dejándole las marcas de los dos colmillos. Al salir, riega el suelo con polvo recogido en las cuevas donde hay murciélagos lo cual, poco a poco irá enfermando a la persona a la que le está haciendo el daño. Estos brujos también provocan otras enfermedades como por ejemplo, acechan a su víctima para cuando está en la cama con su mujer y cuando está en “el grito final”, provoca algún ruido extraño y fuerte con el fin de que la víctima se espante. En este caso, lo que sucede es que la persona es muy vulnerable porque en “esos momentos”, su espíritu se encuentra separado de su cuerpo y puede enfermarse de cualquier maldad que el brujo quiera imponerle. Los brujos también pueden provocar esterilidad por enfriamiento de los genitales y otros muchos males como la depresión, la locura y hasta la muerte, todo según sea el odio que le tenga su enemigo y la cantidad de dinero que le pague al brujo-nagual. Ahora bien, todas estas cosas son más fáciles de ver allá en la Sierra de Puebla, a lo mejor porque la gente es más créida de eso. Aquí en el pueblo yo de lo que me acuerdo que ha sucedido es que a la gente como nosotros, a veces nos confunden, siendo que solo nos dedicamos a curar con yerbas porque a veces no hay doctores o cuando hay, cobran muy caro y la gente no les puede pagar. También ayudamos mucho para que los embarazos de las señoras vayan por buen camino ya que al final, la que ayuda siempre es Sarita Anaya, que vive allá por “la Tetilla” y ya ven que casi la mitad del pueblo le dice “madrina” porque ha sido la que siempre ayuda a la hora del parto. Otra de las cosas que quiero contarles, es lo que pasó hace algunos años cuando Tranquilino Chavolla no llegó en toda la noche a su casa. Al otro día le llegó a su esposa Ludivina diciéndole que le había salido un nagual y que lo había arrastrado por las vías del tren hasta donde está el tanque que surte de agua a los trenes y para demostrarle, le enseñó unos arañazos que traía en la espalda y también unos chupetones que traía en el cuello. Pasó el tiempo y le pasó lo mismo a Ludivina, es decir, no llegó una noche a su casa. Al día siguiente, como a las siete de la mañana, se presentó en su casa diciéndole a Tranquilino: “Fíjate que me salió el mismo nagual cuando iba a llevar unas naranjas que me encargó don José Dolores Macías al hotel Reforma que está al otro lado de las vías. Cuando iba más o menos por donde está “la Fija”, de repente me salió un bulto grandote que no vi porque ya estaba oscuro. El nagual me aventó un soplido muy fuerte y muy caliente que hizo que me desmayara y caí al piso y solo sentí como si me quisiera ahorcar y me apretó muy fuerte el gaznate. Desperté hasta hoy en la mañana y me vine a la casa y ni entregué las naranjas porque no las encontré”. Tranquilino nomás peló los ojos como diciendo para sus adentros: “que cabrona me salió ésta”. Después se supo en el pueblo que ese día, “la Fija” no dio el pitido con el que nos despierta a todos a las seis de la mañana y que vieron salir del taller a Ludivina poco antes de las siete de la mañana.- Yo digo que mucha gente tiene mala fe y solo usa de pretexto a los naguales, dijo Jeremías.Mientras se llevaba a cabo el relato, los dolores casi habían desaparecido del cuerpo de Herculano y ya se quería levantar del petate pero Esculapio todavía le dio varias sobadas y le dio a beber un té que tenía preparado en un cántaro y ya después de esto, le aconsejó que se estuviera sentado otro rato más y le dijo que tendría que volver a la siguiente semana. Jeremías aprovechó para preguntarle cuál era la mejor yerba para la garganta. El yerbero le contestó:- Tengo el sauco, el gordolobo y las hojas de camelina. Pero pensándolo mejor, te voy a preparar un té que te va hacer mejor efecto y diciendo esto, se puso a prepararlo: tejocote cocido y le agregó miel y una cucharada de vinagre y medio vaso de jugo de naranja y le dijo: “lo vas a tomar despacio, a cucharadas”. Entonces Macario le recordó que todavía no le había preparado el brebaje que le prometió a su tía Simona con el que le quería quitar lo briago a su esposo.- Mi tío Inocente, no quiere dejar el trago y siempre dice muy orgulloso: “Soy sobreviviente de la Toma de Zacatecas y de otras cien borracheras más”.Jeremías agregó:- Yo creo que es bueno dejar el trago, lo malo es no acordarse dónde.
Al salir de la casa de Esculapio, quedaron en visitarlo nuevamente cuando Herculano fuera a que le dieran la siguiente “sobada” y comenzaron a caminar hacia la Plaza Principal para ver la famosa “Ola gigante” que había ocasionado las carcajadas de la gente. En el camino fueron comentando lo bueno que era Esculapio para recetar yerbas y la suerte que tenían de tenerlo a él y a otros buenos curanderos como Benito, que vivía por allí cerca, en el barrio de El Guamúchil Grande y que siempre salía a las calles con su bicicleta cargada de costalitos de yerbas que proporcionaban la salud a la gente de Yurécuaro y ………. CONTINUARÁ LA PRÓXIMA SEMANA.
Amables lectores, gracias por acompañarme.José Luis García Salazar
Los Buscadores de “entierros”
Herculano, después de mirar hacia donde le había indicado el “Faifitas” les dijo a sus compañeros que fueran juntos a ver el lugar donde estaba “la luz” que habían visto anteriormente. Se dirigieron cautelosamente hacia el centro de la huerta, por donde estaba una noria. Esperaban encontrar la “aparición” o sea, la viejita y la luz que traía alumbrándola. Al llegar a la noria, la luz había desaparecido por lo que empezaron a respirar tranquilos. Jeremías dijo:- Yo creo que era una luciérnaga.- Todavía no es tiempo de que alumbren, dijo Atanasio.Esperaron un rato más y Macario se puso a rezar El Magnificat en voz alta y les dijo que prendieran el cirio y que le dieran varias vueltas a la noria meneando la palma bendecida en Semana Santa y que habían llevado para defenderse de El Ánima. En eso estaban cuando Jeremías volvió a descubrir “la luz” pero ahora estaba posicionada en la barda que daba a la fragua de Luis Valdez, como a treinta metros de donde estaban. Con mucho miedo, empezaron a caminar echando por delante a Macario, porque según le dijeron: “tu eres el experto y además estás santificado con el escapulario que traes de La Adoración Nocturna”. Cuando llegaron a la barda, “la luz” ya se había metido al patio de la fragua. Macario dijo:- Mientras yo sigo rezando, súbete a la barda Atanasio y asómate para ver en qué lugar está “la luz”. - Yo tengo riumas y además, no deviso bien desde lejos, contestó el aludido.- Yo me asomo, porque como van las cosas, ya se acabaron los valientes o se les arrugaron los tanates, dijo Herculano y después de subirse a la barda empezó a decirles lo que estaba observando: “Veo como si “el espanto” fuera una mujer vestida con una tela vaporosa de color azul claro”. “Está sentada arriba del montón de carbón que usan en la fragua y que está junto al yunque donde enderezan los fierros”. “Ora veo como si el tronco donde está el yunke, estuviera ardiendo”. Después de esto le dijo a Jeremías que se subiera para comprobar también lo que veía, pero rápidamente le contestó:- ¡Yo no me subo porque traigo una hernia y no vaya a ser que se me reviente!Mientras Herculano estaba encaramado arriba de la barda mirando hacia adentro de la fragua, los otros estaban expectantes, aun llenos de miedo que les corría por todo el cuerpo. Pasó mucho tiempo y Herculano bajó a descansar porque ya tenía las piernas entumidas. Mientras tanto, los demás le preguntaban más detalles sobre “el espanto”; pero él no les contestaba, y sólo se les quedaba viendo.Los cuatro se quedaron callados esperando que alguien decidiera lo que iban a hacer enseguida. Por una parte, ya querían irse del lugar pero por la otra, aun estaban llenos de codicia y estaban poseídos por el deseo de hacerse ricos con el tesoro que creían iban a encontrar. De cuándo en cuándo, Herculano volvía a subirse a la barda para mirar hacia la fragua y bajaba con su actitud callada sin hacer caso a las preguntas de sus compañeros.Para romper el silencio, el “Faifitas” preguntó:- ¿Por qué se habrá venido a meter El Ánima en este lugar?Atanasio contestó:- Pos dicen que aquí había un corral que era de don Eleuterio Bravo y que se los rentaba a unos arrieros que en una ocasión se pelearon entre ellos porque no se pusieron de acuerdo en un dinero que traían cargando en la recua. Dicen que mataron a la mujer de uno de esos arrieros y que la enterraron en el corral.- Yo todavía recuerdo que se hablaba mucho del tal Eleuterio, dijo el “Faifitas” y agregó: decían que no le gustaba ir al templo y que siempre presumía de que “con unas misas gregorianas y con un buen arrepentimiento, cualquiera se le pela al diablo”. También era muy afecto a decir que “después de la muerte, el hombre vale menos que un buey, porque a éste se le aprovecha el cuero y el hombre, aunque tiene cuernos, no le sirven de nada”.- También cuentan que Eleuterio era tan mujeriego que hasta se le hizo morir en las faldas del cerro, comentó finalmente Atanasio.Las horas pasaron y a final de cuentas, tuvieron que abandonar la huerta porque ya los gallos empezaban a cantar. Acordaron verse al siguiente día y continuar con el plan para hacerse ricos.Al día siguiente, a media tarde y ya estando todos reunidos, esperaron a que Macario terminara de rasurar a un cliente y después se pusieron a deliberar. El primero que habló fue Atanasio:- Yo creo que debemos escoger bien el lugar donde vamos a escarbar. Debe ser en alguna de las casas viejas donde dicen que hay dinero enterrado. Ay están las casas del portal o la de los Vázquez, allí en la esquina de la calle Real con la Victoria. Aunque también dicen que hay un buen “entierro” en el corral que está atrás de la cantina “La Rata Muerta”.- Yo creo que mejor debemos ir a escarbar al Camino Real. Mi abuelo me contó que una madrugada cuando iba rumbo a Santa Fe, oyó un grito muy feo, como si le hubieran machucao la madre a alguien, dijo “el Faifitas”.- ¿Dónde mero fue eso que dices? Le preguntó Macario.- Pos me dijo mi abuelo que fue pasando “El Guayabo” de los García.Todos estuvieron de acuerdo en continuar su aventura en el Camino Real y le encomendaron a Jeremías que investigara bien el lugar donde iban a escarbar primero. Macario repartió algunos otros pendientes que había que hacer y le dijo a Atanasio y Herculano que llevaran los utensilios necesarios.En la fecha señalada, y que se escogió por ser de luna llena, montaron en las cabalgaduras que habían conseguido: dos buenos caballos y dos mulas grandes, ya que, como lo habían platicado, “tenían que soportar una buena carga de oro”, que esperaban desenterrar. Cruzaron el puente y vieron que el río llevaba buen caudal por ser tiempo de aguas. A buen paso llegaron a El Salitre y después pasaron frente a la entrada de El Guayabo y como a trescientos metros, cerca de donde hay un “vallado”, encontraron el mezquite señalado donde el abuelo de “el Faifitas” había escuchado el alarido hacía mucho tiempo. Hicieron sus mediciones y de repente, Macario se paró junto al cauce del arroyo que por allí pasaba y que en esos momentos estaba casi seco y dijo: “Aquí mero hay que rascar! Todos siguieron el procedimiento que anteriormente habían practicado: primero, rezaron: “Salgan, salgan, ánimas de sus penas…..” En seguida rezaron una docena de veces: “Por los agonizantes, oremos……” Como tercer paso recitaron dos veces la “Maldición a los Cátaros” y después rezaron El Magnificat al mismo tiempo que prendían el cirio y meneaban la palma bendita alrededor del lugar donde iban a rascarle a las ánimas que cuidaban el tesoro.Macario también les advirtió: “Si sale un toro bufando o una mula reparando, recuerden que es por el cuero donde está guardado el oro y no se vayan a cagar en los calzones”. “Lo que deben hacer es mentarse la madre ustedes mismos para ver si así se les quita el miedo”. Entonces Jeremías lo interrumpió y dijo: - ¿Y qué va a pasar si el ánima nos pide que escojamos al que se va a morir como pago para poder sacar el entierro?¿cómo lo escogemos?¿echamos un volado para jugárnosla o qué?- No nos eches la sal y mejor espérate a ver lo qué dicen las ánimas, comentó Herculano.
Volvió a hablar Macario:- Lo que si les digo que va a pasar de cierto es que una vez que empecemos a rascar, se van a escuchar los quejidos del diablo que está cuidando el tesoro enterrado. Al principio no son tan fuertes pero en cuanto ya le estemos llegando al mero lugar, se van a oír más y más fuertes y va a haber quejidos en la tierra que ya esté amontonada afuera del hoyo y también se van a oír los quejidos en la tierra que estemos pisando abajo. Van a ser puros gruñidos de las ánimas como si las estuviéramos despertando antes de tiempo. También van a gruñir las piedras que están en la cerca que está junto al mezquite. Recuerden también que si el que le esté rascando empieza a ver que salen los vapores azules debajo de la tierra, ¡debe salirse en chinga! Porque si no, se va a envenenar y ni siquiera se va a gastar un tostón de lo que saque.- Oye Macario ¿y qué vamos a hacer con esos dos cántaros llenos de carbón que trajimos?, alguien le preguntó.- Lo que sucede es que si no cumplimos todo lo necesario o si las ánimas no quieren darnos su merced, a la hora de cargar con el oro, se va a convertir en ceniza. El carbón es para dárselo y ver si lo quieren en lugar de la ceniza, que parece ser, les gusta mucho.Cuando ya habían terminado todos los ritos, aunque se miraban algunas nubes en el cielo, no le quitaban su esplendor a la luna que brillaba intensamente. A lo lejos se escuchaban algunos ladridos de los perros del rancho de La Noria y también se escuchaban aullidos de algún coyote que andaba en la higuera del cerro cerca de la vereda que va al rancho de La Víbora. Se pusieron a escarbar por turnos y habían acordado hacerlo muy rápido para no dejar que el día los agarrara en la faena ya que no tendrían argumentos para explicar lo que hacían, a la gente que los viera.Conforme iban avanzando en la excavación, empezaron a darse cuenta que ocurrían cosas un tanto inexplicables: primero vieron que la luna seguía en su lugar pero ya no tenía tanto brillo y que parvadas de murciélagos pasaban sobre ellos de manera insistente y aunque no los atacaban, si les causaban inquietud por lo raro del fenómeno. Después, alguien notó un aleteo muy fuerte que provenía de la huizachera y después, el ruido se pasaba a alguno de los mezquites que había alrededor y aunque dijeron que era una lechuza, no quedaron del todo convencidos. Pasó algo de tiempo y notaron también que la noche si iba haciendo más y más oscura, en parte debido a lo sombría que se había puesto la luna y en parte a algunas nubes que de pronto empezaron a llenar el cielo. En eso estaban cuando alguien dijo que pusieran mucha atención porque a lo lejos se estaba escuchando el repique de una campana. No sabían ni reconocían si eran las campanas del templo de La Rivera o de Yurécuaro y de pronto, como por arte de magia, escucharon el sonido en el lado totalmente opuesto, como si viniera del rumbo de Santa Rita. Mientras todo esto ocurría, Macario dijo:- Es necesario que escarbemos más rápido. Y agregó ¿Quién estaba rascando?- Yo me salí porque ya me tocaba descansar. Ahora le toca a Jeremías dijo Herculano.El aludido se metió al hoyo que ya llevaba más de un metro de profundidad pero a los pocos minutos dio un grito pavoroso al mismo tiempo que soltaba el pico y caía de espaldas. Todos vieron salir arrastrándose una gran mancha peluda y negra que primero pasó por encima de la cara de Jeremías dejándole unos arañazos marcados y después saltó fuera del agujero para irse a perder detrás de la cerca. Atanasio corrió en sentido contrario a donde se había ido la sombra y Herculano se quedó sentado sin decir una palabra. Pasaron los minutos y solo se oían a lo lejos las campanas. Por fin Macario se arrimó al hoyo y dando un salto, se puso al lado de Jeremías quien aun parecía desmayado o cuando menos, tenía los ojos cerrados para no ver nuevamente “la aparición”. Macario se puso a examinar las paredes y después ayudó a salir a su compañero y ya cuando estaban nuevamente los cuatro reunidos les dijo:- Era un tlacuache.Se le quedaron viendo sorprendidos. - ¿No sería un nagual?, le preguntó Herculano.- ¿Por qué crees que era un nagual? preguntó Atanasio. Agregó Macario:- Cuenta la leyenda que si alguna persona descubre dónde hay un “entierro”, debe poner a cuidar a su nagual el lugar, para que nadie más lo saque.
Mientras que los demás estaban muy asustados, Macario decidió continuar escarbando hasta encontrar el tesoro. Sin embargo, pasado un tiempo en que ya casi llegaba a la profundidad de dos metros, se soltó de repente un tremendo aguacero que poco a poco fue inundando el agujero y destruyó el trabajo que habían realizado durante varias horas. Macario salió con dificultad y todos se fueron a arrimar a la cerca para guarecerse un poco del diluvio que estaba cayendo. Al poco rato, por el arroyo seco cerca de donde estaban cavando, bajó del cerro un gran caudal que arrastró todos los utensilios que llevaban y por poco se lleva también a las mulas y caballos. Ya estaba amaneciendo cuando dejó de bajar agua por el arroyo y fue entonces que descubrieron que no había quedado ninguna huella del lugar donde habían rascado, como si realmente, las ánimas se hubieran encargado de eliminar los intentos de quitarles su tesoro.Empapados, sucios, espantados y sobre todo, decepcionados, emprendieron el retorno y al llegar al puente se instalaron bajo el tejabán de doña Secundina Montejano a tomarse una “agüita” para prevenir los resfríos y también para curarse “el espanto”.Pasaron muchos días, Atanasio llegó a la peluquería de Macario y acordaron llamar a Herculano y Jeremías para determinar si ya le paraban a sus ansias o si iban a hacer otro intento por hacerse ricos. Como la codicia pudo más, decidieron probar otra vez, aunque bien sabían que arriesgaban nuevamente la vida ya que el susto sufrido los había dejado escaldados. Para escoger el nuevo sitio donde buscar, pusieron dos alternativas: irse por el Arroyo de los Cerezos hacia arriba del cerro hasta dar con la Cueva de la Poblana o buscar por el Camino Real con rumbo al rancho de El Zapote. Escogieron la segunda opción y en la fecha acordada, consiguieron otros picos, barras, palas y martillos para cavar ya que, como dijimos anteriormente, los otros se los había llevado la “crecida” del arroyo. Ya en el lugar seleccionado, hicieron los ritos acostumbrados y se pusieron a rascar con ahínco. Pasaban las horas y vieron que el hoyo no había avanzado mucho ya que se toparon varias veces con grandes piedras. Ya casi amanecía cuando decidieron “dejar por la paz” el sitio y regresaron al pueblo.Después de este intento, los “buscadores de entierros” ya no hablaron de volver a ir juntos a una nueva búsqueda. Tiempo después, por boca de otra gente, supieron que Atanasio había ido a La Capital y se había traído un aparato “detector de metales”, que según él, lo sacaría de pobre. También supieron que su mujer constantemente lo regañaba porque: “la dejaba sola por muchos días mientras que él se iba, nosépadonde y regresaba casi siempre, arañado y con genio de 'losmildemonios”.
Amables lectores, todos en Yurécuaro, tenemos no una sino varias leyendas y relatos que contaban nuestros abuelos o que les oíamos a otras personas. He querido hacer una semblanza de una parte muy pequeña de recuerdos guardados en la memoria de nuestro terruño y les agradezco haberme acompañado a revivir estas andanzas.
José Luis García Salazar
Volvió a hablar Macario:- Lo que si les digo que va a pasar de cierto es que una vez que empecemos a rascar, se van a escuchar los quejidos del diablo que está cuidando el tesoro enterrado. Al principio no son tan fuertes pero en cuanto ya le estemos llegando al mero lugar, se van a oír más y más fuertes y va a haber quejidos en la tierra que ya esté amontonada afuera del hoyo y también se van a oír los quejidos en la tierra que estemos pisando abajo. Van a ser puros gruñidos de las ánimas como si las estuviéramos despertando antes de tiempo. También van a gruñir las piedras que están en la cerca que está junto al mezquite. Recuerden también que si el que le esté rascando empieza a ver que salen los vapores azules debajo de la tierra, ¡debe salirse en chinga! Porque si no, se va a envenenar y ni siquiera se va a gastar un tostón de lo que saque.- Oye Macario ¿y qué vamos a hacer con esos dos cántaros llenos de carbón que trajimos?, alguien le preguntó.- Lo que sucede es que si no cumplimos todo lo necesario o si las ánimas no quieren darnos su merced, a la hora de cargar con el oro, se va a convertir en ceniza. El carbón es para dárselo y ver si lo quieren en lugar de la ceniza, que parece ser, les gusta mucho.Cuando ya habían terminado todos los ritos, aunque se miraban algunas nubes en el cielo, no le quitaban su esplendor a la luna que brillaba intensamente. A lo lejos se escuchaban algunos ladridos de los perros del rancho de La Noria y también se escuchaban aullidos de algún coyote que andaba en la higuera del cerro cerca de la vereda que va al rancho de La Víbora. Se pusieron a escarbar por turnos y habían acordado hacerlo muy rápido para no dejar que el día los agarrara en la faena ya que no tendrían argumentos para explicar lo que hacían, a la gente que los viera.Conforme iban avanzando en la excavación, empezaron a darse cuenta que ocurrían cosas un tanto inexplicables: primero vieron que la luna seguía en su lugar pero ya no tenía tanto brillo y que parvadas de murciélagos pasaban sobre ellos de manera insistente y aunque no los atacaban, si les causaban inquietud por lo raro del fenómeno. Después, alguien notó un aleteo muy fuerte que provenía de la huizachera y después, el ruido se pasaba a alguno de los mezquites que había alrededor y aunque dijeron que era una lechuza, no quedaron del todo convencidos. Pasó algo de tiempo y notaron también que la noche si iba haciendo más y más oscura, en parte debido a lo sombría que se había puesto la luna y en parte a algunas nubes que de pronto empezaron a llenar el cielo. En eso estaban cuando alguien dijo que pusieran mucha atención porque a lo lejos se estaba escuchando el repique de una campana. No sabían ni reconocían si eran las campanas del templo de La Rivera o de Yurécuaro y de pronto, como por arte de magia, escucharon el sonido en el lado totalmente opuesto, como si viniera del rumbo de Santa Rita. Mientras todo esto ocurría, Macario dijo:- Es necesario que escarbemos más rápido. Y agregó ¿Quién estaba rascando?- Yo me salí porque ya me tocaba descansar. Ahora le toca a Jeremías dijo Herculano.El aludido se metió al hoyo que ya llevaba más de un metro de profundidad pero a los pocos minutos dio un grito pavoroso al mismo tiempo que soltaba el pico y caía de espaldas. Todos vieron salir arrastrándose una gran mancha peluda y negra que primero pasó por encima de la cara de Jeremías dejándole unos arañazos marcados y después saltó fuera del agujero para irse a perder detrás de la cerca. Atanasio corrió en sentido contrario a donde se había ido la sombra y Herculano se quedó sentado sin decir una palabra. Pasaron los minutos y solo se oían a lo lejos las campanas. Por fin Macario se arrimó al hoyo y dando un salto, se puso al lado de Jeremías quien aun parecía desmayado o cuando menos, tenía los ojos cerrados para no ver nuevamente “la aparición”. Macario se puso a examinar las paredes y después ayudó a salir a su compañero y ya cuando estaban nuevamente los cuatro reunidos les dijo:- Era un tlacuache.Se le quedaron viendo sorprendidos. - ¿No sería un nagual?, le preguntó Herculano.- ¿Por qué crees que era un nagual? preguntó Atanasio. Agregó Macario:- Cuenta la leyenda que si alguna persona descubre dónde hay un “entierro”, debe poner a cuidar a su nagual el lugar, para que nadie más lo saque.
Mientras que los demás estaban muy asustados, Macario decidió continuar escarbando hasta encontrar el tesoro. Sin embargo, pasado un tiempo en que ya casi llegaba a la profundidad de dos metros, se soltó de repente un tremendo aguacero que poco a poco fue inundando el agujero y destruyó el trabajo que habían realizado durante varias horas. Macario salió con dificultad y todos se fueron a arrimar a la cerca para guarecerse un poco del diluvio que estaba cayendo. Al poco rato, por el arroyo seco cerca de donde estaban cavando, bajó del cerro un gran caudal que arrastró todos los utensilios que llevaban y por poco se lleva también a las mulas y caballos. Ya estaba amaneciendo cuando dejó de bajar agua por el arroyo y fue entonces que descubrieron que no había quedado ninguna huella del lugar donde habían rascado, como si realmente, las ánimas se hubieran encargado de eliminar los intentos de quitarles su tesoro.Empapados, sucios, espantados y sobre todo, decepcionados, emprendieron el retorno y al llegar al puente se instalaron bajo el tejabán de doña Secundina Montejano a tomarse una “agüita” para prevenir los resfríos y también para curarse “el espanto”.Pasaron muchos días, Atanasio llegó a la peluquería de Macario y acordaron llamar a Herculano y Jeremías para determinar si ya le paraban a sus ansias o si iban a hacer otro intento por hacerse ricos. Como la codicia pudo más, decidieron probar otra vez, aunque bien sabían que arriesgaban nuevamente la vida ya que el susto sufrido los había dejado escaldados. Para escoger el nuevo sitio donde buscar, pusieron dos alternativas: irse por el Arroyo de los Cerezos hacia arriba del cerro hasta dar con la Cueva de la Poblana o buscar por el Camino Real con rumbo al rancho de El Zapote. Escogieron la segunda opción y en la fecha acordada, consiguieron otros picos, barras, palas y martillos para cavar ya que, como dijimos anteriormente, los otros se los había llevado la “crecida” del arroyo. Ya en el lugar seleccionado, hicieron los ritos acostumbrados y se pusieron a rascar con ahínco. Pasaban las horas y vieron que el hoyo no había avanzado mucho ya que se toparon varias veces con grandes piedras. Ya casi amanecía cuando decidieron “dejar por la paz” el sitio y regresaron al pueblo.Después de este intento, los “buscadores de entierros” ya no hablaron de volver a ir juntos a una nueva búsqueda. Tiempo después, por boca de otra gente, supieron que Atanasio había ido a La Capital y se había traído un aparato “detector de metales”, que según él, lo sacaría de pobre. También supieron que su mujer constantemente lo regañaba porque: “la dejaba sola por muchos días mientras que él se iba, nosépadonde y regresaba casi siempre, arañado y con genio de 'losmildemonios”.
Amables lectores, todos en Yurécuaro, tenemos no una sino varias leyendas y relatos que contaban nuestros abuelos o que les oíamos a otras personas. He querido hacer una semblanza de una parte muy pequeña de recuerdos guardados en la memoria de nuestro terruño y les agradezco haberme acompañado a revivir estas andanzas.
José Luis García Salazar
Los Buscadores de “entierros”.
Todo comenzó cuando Atanasio Torres iba por el callejón de “El Olvido” y de repente oyó una voz cavernosa que decía: ¡Por caridad, sácame del purgatorio! Por un momento se quedó paralizado sin saber que hacer. Enseguida, corrió despavorido rumbo a la Plaza y se sentó en una banca. El corazón le latía a mil por hora y un sudor frío le empezó a bajar por la espalda mientras que sentía cómo sus piernas le temblaban sin parar. En la Plaza no había nadie a quien contarle lo que le había pasado y al voltear hacia el templo oyó los cantos de los que velaban en La Adoración Nocturna:“Cantemosalamordelosamores,CantemosalSeñor….. Diosestáaquí.Venidadoradores… adoremos, …..A Cristoredentor.......Glooooria a Cristo Jesús....Cielosytierra,.... bendecidalSeñor.Honorygloriaatí,...ReydelaGloria.Honorporsiempreatí.........Dios del aaaamor…. ”Se dirigió al templo, entró por la puerta lateral y se hincó a rezar. Allí andaba Jeremías “el faifitas” trapeando el piso y se le acercó preguntándole por qué traía esa cara. Entonces Atanasio le cuenta lo que le había pasado.- Ha de ser el Ánima Sola que siempre se acerca cuando los Cofrades de la Adoración Nocturna velan la noche. Agregó Jeremías. Y continuó diciendo: -- El mes pasado también le salió a Conrado Reyes cuando venía para acá y pa' pronto se puso a rezar todo espantado: “Gracias te doy ¡oh Dios! Porque me hiciste bueno. Gracias te doy porque no soy tan peor como los otros. Yo te doy gracias y ya ves que hago siempre mis ayunos, mis penitencias y mi Viernes Primero de cada mes”. Yo creo que él pensaba que en ese momento el Ánima se lo iba a llevar.- Pues sea lo que sea, a mí me dejó trabado del miedo y por poco caigo muerto.- Espérate a que Macario Valdovinos termine su turno de cantar y él te va a decir lo que hay que hacer ya que sabe mucho de eso. Mientras tanto, orita vengo, voy a traerte un pedazo de birote pa' que te recoja el miedo que traes regado por el cuerpo.Cuando Jeremías regresó, Atanasio se comió el pedazo de pan y esperaron a que Macario se desocupara y cuando lo hizo se acercó a ellos diciendo:- Ya veo Atanasio, que traes la cara ceniza.- Ando espantao. Y también le contó lo que había ocurrido.- Yo creo que debes ir ahorita mismo para agarrarla antes que se regrese al Purgatorio y tienes que hacerle un rezo primero y después le dices: “En nombre de Dios te pido que me digas si eres de este mundo o del otro”. Y terminó diciendo: yo creo que esa ánima te escogió porque quiere decirte donde hay un entierro y quiere que la saques del Purgatorio.Acordaron verse al día siguiente en la peluquería de Macario para platicar más ampliamente sobre el tema de los “entierros” y cuando Atanasio salía del templo los Cofrades seguían cantando: “AltíiisimoSeeñor….quesupistésjuntár, Auntieeempoenelaltár……. Sercorderóooypastooor…. Quisiéeracónfervor.Amaaar y réeecibir,Aquiénpor mí,Quisómoo….rir”.
Al siguiente día cuando llegó Atanasio a la peluquería, Macario le estaba haciendo el pelo a Herculano, “el medallas” y también se encontraba allí Jeremías, quien no se quería perder la reseña de lo que había pasado con el Ánima Sola. Atanasio les contó que había seguido al pié de la letra las instrucciones de Macario pero ya no se le apareció ningún espanto y aunque estuvo allí hasta pasada la medianoche, decidió irse a dormir porque todavía andaba temblando, aunque él decía que era de pena “por el dolor de las pobrecitas ánimas del purgatorio”. Entonces Jeremías preguntó:- ¿Por qué hay tantos entierros regados por el pueblo?Entonces Macario les empezó a relatar:- La gente quedó muy escamada después de lo que ocurrió con el Padre Torres cuando quemó y robó todo lo que había en 1816. A partir de eso, toda la gente conforme sacaba buena cosecha o cuando vendía algún animal, siempre prefería cobrar en monedas de oro y las enterraban en lugares que “señalaban” específicamente para que después no se les olvidara. Después de los robos del Padre Torres, el pueblo sufrió las Guerras de Santa Anna, las de Juárez y las guerras contra Maximiliano y todo eso en el siglo pasado. Ya en este siglo, cuando las tropas de los carrancistas y los villistas entraban al pueblo siempre arrasaban con todo. Con decirles que a veces, solamente dejaban el brocal de los pozos que eran de cantera porque cargaban hasta con los carrillos y las reatas. - ¡Ah que cabrones!, dijo muy enojado Jeremías. Y Macario siguió contando:- Después vino lo del asalto al tren en 1921. Dicen que enterraron muchas barras de oro allá por el rumbo del “Puente de fierro”. También aseguran que llevaron otra carga y la enterraron por el rumbo de El Marqueño, antes de cruzar el río ya que se dirigían al rancho de El Zapote. También dicen unos que Ramón Aguilar, el Cristero que hizo la matanza de federales en 1934, enterró una remesa de oro que había quitado a unos ricos de Zamora y ese oro quedó por el camino que va de la hacienda de San José rumbo al Zapote. También cuenta la leyenda que el Camino Real lo usaban como una ruta “secreta”, es decir, que casi nadie sabía que los grandes cargamentos de oro y plata que traían de Zacatecas con rumbo a la Capital, pasaban por Guadalajara y después se venían “rancheando” por La Barca y después por la Hacienda de San Antonio, Santa Lucía, El Salitre y seguían por el camino de El Zapote hasta llegar a Santa Ana Pacueco y de allí hasta Acámbaro y México. A pesar de que nadie sabía lo que transportaban en esas recuas de mulas, les hicieron varios asaltos y en esos caminos quedaron muchos tesoros que nunca se han descubierto. Finalmente, también hay muchos entierros porque, como dice la leyenda, por aquí anduvo Rentaría Luviano y su esposa La Poblana que robaron muchas diligencias y haciendas y tenían sus entierros en su famosa cueva y también en otros varios lugares que casi nadie supo donde quedaron exactamente.En ese punto de la plática, intervino Herculano quien había estado muy atento a lo que platicaba Macario y le preguntó:- ¿De qué forma guardaba la gente sus monedas de oro y sus barras de plata?- Los españoles tenían la costumbre de guardar sus tesoros en cueros de buey o de mula que son muy resistentes y es por eso que, cuando alguien descubre el lugar de un entierro, se le aparece el animal bufando y no deja acercarse al lugar exacto donde está el dinero. Ahora bien, mucha gente también guardaba su riqueza en baúles o en comanjas. Pero eso sí, cada que alguien se encuentra el entierro, esté envuelto en donde esté, siempre salen unos vaporcitos azules que brotan del dinero y si los respiras, te lleva la chingada.- ¡Yo creo que pa' salir de pobres, nosotros debemos encontrarnos un entierro!, dijo Jeremías.Fue entonces que todos se quedaron callados, pensando en la posibilidad de hacerse ricos.- ¿Oye Macario y si me acompañas a “tantear” otra vez al Ánima Sola, esta noche en el callejón? Le dijo Atanasio, a quien le brillaban los ojos de codicia.- ¿Y Por qué nomás van a ir ustedes? Replicó Jeremías.- ¡Yo también los voy a acompañar! Dijo Herculano.Entonces Macario Valdovinos les dijo muy serio:- Ustedes creen que es “de enchílame otra y déjame dos tostando”. El que va a buscar entierros, arriesga la vida porque el ánima que cuida el tesoro cobra tributo y siempre se muere uno de los que van a buscarlo, esa es la cuota que deben pagar los que son avariciosos.- Yo, con tal de salir de méndigo, me arriesgo, dijo Jeremías. A lo cual también se sumaron Herculano y Atanasio.Macario se quedó muy pensativo sopesando la idea y finalmente dijo:- Yo creo que hay que hacer primero “un cális” porque es necesario entrenar los ritos y rezos que se deben hacer a la hora de rascar. Si están decididos, lo vamos a hacer el sábado que entra, porque hay luna llena.- ¿Dónde vamos a hacer el intento? Preguntó Jeremías, y le contestó Herculano:- Será bueno ir a la huerta de Donaciano Anaya porque hace poco vieron nuevamente a una viejita que se aparece cruzando toda la huerta, desde la barda que da a espaldas de la casa de las Jovitas hasta la noria y el túnel que están a la salida de la otra calle, allá por la “Tetilla”.
El sábado a la hora convenida, se reunieron en la Plaza Principal y de allí se fueron con rumbo a la “Tetilla” buscando un lugar por donde entrar a la huerta. Encontraron un “portillo” cerca de la vecindad de don Juan Estrada y por allí se metieron. Lo primero que les dijo Macario fue que, al ir caminando, todos deberían ir rezando: “Salgan, salgan, ánimas de sus penas, que el rosario santo, rompe las cadenas”. Después, atravesaron la huerta de Rosalío Jiménez y se apostaron pegados a la barda de la casa de Las Jovitas. Mientras esperaban, para aplacar los nervios, empezaron a platicar en voz baja. Atanasio dijo:- Estos rezos se parecen a los que decía el padre Cirilo, el que trajeron para sacarle el diablo a una de las hijas de Sotero López. Al decir los exorcismos y aventarle el agua bendita, vieran que reparos pegaba la cabrona, parecía mula bruta. Después agregó:- Me dijeron que Herculano, además de los rosarios, ya anda vendiendo en San Juan de los Lagos, reliquias de la Tierra Santa: que unas astillitas de la Verdadera Cruz, que un trocito de la Sábana Santa, que unas flores cortadas del Huerto de los Olivos. ¿Es cierto eso? Y el aludido replicó:- Son puras figuraciones de la gente.En eso intervino Macario para decirles el siguiente rezo que se debe seguir en el rito para asegurar que se van a encontrar el entierro y además, las Ánimas, les puedan permitir sacarlo. Les pidió que pusieran más atención porque está más largo y se debe decir al menos una docena de veces en voz alta, pero muy despacio: “Por los agonizantes, oremos. Por los caminantes extraviados, los fieles necesitados y los que sufren, oremos. Te rogamos, Señor, por las almas pecadoras, las almas solitarias y las que sienten dolor. Por los pecadores, los enfermos, los tristes o carcomidos de angustia. Refugio de los pecadores, Salud de los enfermos, Consuelo de los afligidos. Por la angustia de nuestros prójimos, por la sal de sus lágrimas, por su pena traspasada de dolor; por nuestros prójimos, oremos”. “Por los Cátaros, para que finalmente encuentren el perdón aunque ahorita los tengamos que maldecir primero y nos dejen entrar a rascarle las entrañas a su entierro”.Cuando terminaron de repetir el rezo la docena de veces recomendada, Jeremías habló:- ¿Y quienes son esos mentados cástaros? Macario le contestó:- No son cástaros sino cátaros, y según la leyenda, son los guardianes de todos los tesoros escondidos en el mundo y hay que “maldecirlos” primero para que abran las puertas y dejen sacar el oro. Los cátaros eran unos “buenos cristianos” que practicaban la enseñanza de Jesús y vivían modestamente. Fueron condenados injustamente por no apegarse a la jerarquía eclesiástica en el siglo XIII. Cuando el Papa mandó un ejército para que atacara la ciudad de Languedoc, en Francia, iban a entrar, matando a todos, pero alguien dijo que dentro había católicos y cátaros viviendo juntos y se podían confundir a la hora de matarlos. Fue entonces que un monje malaentraña dijo: “No mostreis misericordia alguna en razón a la clase social, la edad o sexo. Matadlos a todos, que Dios sabrá distinguir a los suyos”. Cuando las tropas tomaron la ciudad, no encontraron el tesoro cátaro, que según decían, era inmenso. Ya en siglos posteriores, todo aquel que quiera encontrar alguna riqueza escondida, debe recitar en voz alta dos veces la maldición, para poder hallar lo que busca. Enseguida todos recitaron dos veces:“Malditos sean siempre y en todas partes. Malditos sean día y noche y a todas horas.Malditos sean cuando duermen y cuando estén despiertos. Malditos sean cuando comen y cuando beben. Malditos sean cuando callan y cuando hablan.Malditos sean de pies a cabeza. Que sus ojos se cieguen, que sus oídos ensordezcan, que su boca enmudezca y que su lengua se quede pegada al paladar.Que sus manos no puedan ya tocar nada más y que sus pies no puedan andar.Malditos sean todos sus miembros. Malditos sean cuando estén de pié, cuando yacen y cuando estén sentados.Que sean enterrados con los perros y los burros. Que los lobos rapaces devoren sus cadáveres”.- ¡Hasta se me enchinó el cuero ora que estábamos rezando! Dijo Atanasio.- A mí también me pareció muy exagerada la maldición la primera vez que la dije, pero así debe uno hacer el rito, si no, no sacaremos nada, agregó Macario.Después de los rezos, todos se quedaron muy quietos porque quedaron invadidos de sentimientos mezclados, entre lástima por los cátaros, ambición por el dinero que iban a desenterrar y miedo por los espantos que les pudieran salir.Ya había pasado la medianoche y la luna brillaba de una manera especial. Se oían algunos ladridos de perros como si persiguieran algún coyote en el cerro. También se escuchaban los rebuznidos de los burros que estaban en los corrales en la guamuchilera al otro lado del río. De repente, todos voltearon a ver al “Faifitas” que estaba haciendo unos rechinidos que escalofriaban el cuerpo. Rechinaba los dientes como remoliendo grillos y el cuerpo le temblaba como si le hubieran picado muchos alacranes al mismo tiempo y solo atinaba a voltear y mover la cara como si les avisara de un peligro. Herculano volteó hacia la parte de la huerta que les señalaba el “Faifitas” con la cabeza y dijo en voz alta:- ¡Ave María Purísima! y señaló una luz que se movía como a treinta metros de donde estaban…..
Amables lectores, el espacio se me terminó y la próxima semana continuaré el relato de lo que, según la leyenda, ocurrió en Yurécuaro hace mucho tiempo.Gracias por acompañarme.José Luis García Salazar.
Al siguiente día cuando llegó Atanasio a la peluquería, Macario le estaba haciendo el pelo a Herculano, “el medallas” y también se encontraba allí Jeremías, quien no se quería perder la reseña de lo que había pasado con el Ánima Sola. Atanasio les contó que había seguido al pié de la letra las instrucciones de Macario pero ya no se le apareció ningún espanto y aunque estuvo allí hasta pasada la medianoche, decidió irse a dormir porque todavía andaba temblando, aunque él decía que era de pena “por el dolor de las pobrecitas ánimas del purgatorio”. Entonces Jeremías preguntó:- ¿Por qué hay tantos entierros regados por el pueblo?Entonces Macario les empezó a relatar:- La gente quedó muy escamada después de lo que ocurrió con el Padre Torres cuando quemó y robó todo lo que había en 1816. A partir de eso, toda la gente conforme sacaba buena cosecha o cuando vendía algún animal, siempre prefería cobrar en monedas de oro y las enterraban en lugares que “señalaban” específicamente para que después no se les olvidara. Después de los robos del Padre Torres, el pueblo sufrió las Guerras de Santa Anna, las de Juárez y las guerras contra Maximiliano y todo eso en el siglo pasado. Ya en este siglo, cuando las tropas de los carrancistas y los villistas entraban al pueblo siempre arrasaban con todo. Con decirles que a veces, solamente dejaban el brocal de los pozos que eran de cantera porque cargaban hasta con los carrillos y las reatas. - ¡Ah que cabrones!, dijo muy enojado Jeremías. Y Macario siguió contando:- Después vino lo del asalto al tren en 1921. Dicen que enterraron muchas barras de oro allá por el rumbo del “Puente de fierro”. También aseguran que llevaron otra carga y la enterraron por el rumbo de El Marqueño, antes de cruzar el río ya que se dirigían al rancho de El Zapote. También dicen unos que Ramón Aguilar, el Cristero que hizo la matanza de federales en 1934, enterró una remesa de oro que había quitado a unos ricos de Zamora y ese oro quedó por el camino que va de la hacienda de San José rumbo al Zapote. También cuenta la leyenda que el Camino Real lo usaban como una ruta “secreta”, es decir, que casi nadie sabía que los grandes cargamentos de oro y plata que traían de Zacatecas con rumbo a la Capital, pasaban por Guadalajara y después se venían “rancheando” por La Barca y después por la Hacienda de San Antonio, Santa Lucía, El Salitre y seguían por el camino de El Zapote hasta llegar a Santa Ana Pacueco y de allí hasta Acámbaro y México. A pesar de que nadie sabía lo que transportaban en esas recuas de mulas, les hicieron varios asaltos y en esos caminos quedaron muchos tesoros que nunca se han descubierto. Finalmente, también hay muchos entierros porque, como dice la leyenda, por aquí anduvo Rentaría Luviano y su esposa La Poblana que robaron muchas diligencias y haciendas y tenían sus entierros en su famosa cueva y también en otros varios lugares que casi nadie supo donde quedaron exactamente.En ese punto de la plática, intervino Herculano quien había estado muy atento a lo que platicaba Macario y le preguntó:- ¿De qué forma guardaba la gente sus monedas de oro y sus barras de plata?- Los españoles tenían la costumbre de guardar sus tesoros en cueros de buey o de mula que son muy resistentes y es por eso que, cuando alguien descubre el lugar de un entierro, se le aparece el animal bufando y no deja acercarse al lugar exacto donde está el dinero. Ahora bien, mucha gente también guardaba su riqueza en baúles o en comanjas. Pero eso sí, cada que alguien se encuentra el entierro, esté envuelto en donde esté, siempre salen unos vaporcitos azules que brotan del dinero y si los respiras, te lleva la chingada.- ¡Yo creo que pa' salir de pobres, nosotros debemos encontrarnos un entierro!, dijo Jeremías.Fue entonces que todos se quedaron callados, pensando en la posibilidad de hacerse ricos.- ¿Oye Macario y si me acompañas a “tantear” otra vez al Ánima Sola, esta noche en el callejón? Le dijo Atanasio, a quien le brillaban los ojos de codicia.- ¿Y Por qué nomás van a ir ustedes? Replicó Jeremías.- ¡Yo también los voy a acompañar! Dijo Herculano.Entonces Macario Valdovinos les dijo muy serio:- Ustedes creen que es “de enchílame otra y déjame dos tostando”. El que va a buscar entierros, arriesga la vida porque el ánima que cuida el tesoro cobra tributo y siempre se muere uno de los que van a buscarlo, esa es la cuota que deben pagar los que son avariciosos.- Yo, con tal de salir de méndigo, me arriesgo, dijo Jeremías. A lo cual también se sumaron Herculano y Atanasio.Macario se quedó muy pensativo sopesando la idea y finalmente dijo:- Yo creo que hay que hacer primero “un cális” porque es necesario entrenar los ritos y rezos que se deben hacer a la hora de rascar. Si están decididos, lo vamos a hacer el sábado que entra, porque hay luna llena.- ¿Dónde vamos a hacer el intento? Preguntó Jeremías, y le contestó Herculano:- Será bueno ir a la huerta de Donaciano Anaya porque hace poco vieron nuevamente a una viejita que se aparece cruzando toda la huerta, desde la barda que da a espaldas de la casa de las Jovitas hasta la noria y el túnel que están a la salida de la otra calle, allá por la “Tetilla”.
El sábado a la hora convenida, se reunieron en la Plaza Principal y de allí se fueron con rumbo a la “Tetilla” buscando un lugar por donde entrar a la huerta. Encontraron un “portillo” cerca de la vecindad de don Juan Estrada y por allí se metieron. Lo primero que les dijo Macario fue que, al ir caminando, todos deberían ir rezando: “Salgan, salgan, ánimas de sus penas, que el rosario santo, rompe las cadenas”. Después, atravesaron la huerta de Rosalío Jiménez y se apostaron pegados a la barda de la casa de Las Jovitas. Mientras esperaban, para aplacar los nervios, empezaron a platicar en voz baja. Atanasio dijo:- Estos rezos se parecen a los que decía el padre Cirilo, el que trajeron para sacarle el diablo a una de las hijas de Sotero López. Al decir los exorcismos y aventarle el agua bendita, vieran que reparos pegaba la cabrona, parecía mula bruta. Después agregó:- Me dijeron que Herculano, además de los rosarios, ya anda vendiendo en San Juan de los Lagos, reliquias de la Tierra Santa: que unas astillitas de la Verdadera Cruz, que un trocito de la Sábana Santa, que unas flores cortadas del Huerto de los Olivos. ¿Es cierto eso? Y el aludido replicó:- Son puras figuraciones de la gente.En eso intervino Macario para decirles el siguiente rezo que se debe seguir en el rito para asegurar que se van a encontrar el entierro y además, las Ánimas, les puedan permitir sacarlo. Les pidió que pusieran más atención porque está más largo y se debe decir al menos una docena de veces en voz alta, pero muy despacio: “Por los agonizantes, oremos. Por los caminantes extraviados, los fieles necesitados y los que sufren, oremos. Te rogamos, Señor, por las almas pecadoras, las almas solitarias y las que sienten dolor. Por los pecadores, los enfermos, los tristes o carcomidos de angustia. Refugio de los pecadores, Salud de los enfermos, Consuelo de los afligidos. Por la angustia de nuestros prójimos, por la sal de sus lágrimas, por su pena traspasada de dolor; por nuestros prójimos, oremos”. “Por los Cátaros, para que finalmente encuentren el perdón aunque ahorita los tengamos que maldecir primero y nos dejen entrar a rascarle las entrañas a su entierro”.Cuando terminaron de repetir el rezo la docena de veces recomendada, Jeremías habló:- ¿Y quienes son esos mentados cástaros? Macario le contestó:- No son cástaros sino cátaros, y según la leyenda, son los guardianes de todos los tesoros escondidos en el mundo y hay que “maldecirlos” primero para que abran las puertas y dejen sacar el oro. Los cátaros eran unos “buenos cristianos” que practicaban la enseñanza de Jesús y vivían modestamente. Fueron condenados injustamente por no apegarse a la jerarquía eclesiástica en el siglo XIII. Cuando el Papa mandó un ejército para que atacara la ciudad de Languedoc, en Francia, iban a entrar, matando a todos, pero alguien dijo que dentro había católicos y cátaros viviendo juntos y se podían confundir a la hora de matarlos. Fue entonces que un monje malaentraña dijo: “No mostreis misericordia alguna en razón a la clase social, la edad o sexo. Matadlos a todos, que Dios sabrá distinguir a los suyos”. Cuando las tropas tomaron la ciudad, no encontraron el tesoro cátaro, que según decían, era inmenso. Ya en siglos posteriores, todo aquel que quiera encontrar alguna riqueza escondida, debe recitar en voz alta dos veces la maldición, para poder hallar lo que busca. Enseguida todos recitaron dos veces:“Malditos sean siempre y en todas partes. Malditos sean día y noche y a todas horas.Malditos sean cuando duermen y cuando estén despiertos. Malditos sean cuando comen y cuando beben. Malditos sean cuando callan y cuando hablan.Malditos sean de pies a cabeza. Que sus ojos se cieguen, que sus oídos ensordezcan, que su boca enmudezca y que su lengua se quede pegada al paladar.Que sus manos no puedan ya tocar nada más y que sus pies no puedan andar.Malditos sean todos sus miembros. Malditos sean cuando estén de pié, cuando yacen y cuando estén sentados.Que sean enterrados con los perros y los burros. Que los lobos rapaces devoren sus cadáveres”.- ¡Hasta se me enchinó el cuero ora que estábamos rezando! Dijo Atanasio.- A mí también me pareció muy exagerada la maldición la primera vez que la dije, pero así debe uno hacer el rito, si no, no sacaremos nada, agregó Macario.Después de los rezos, todos se quedaron muy quietos porque quedaron invadidos de sentimientos mezclados, entre lástima por los cátaros, ambición por el dinero que iban a desenterrar y miedo por los espantos que les pudieran salir.Ya había pasado la medianoche y la luna brillaba de una manera especial. Se oían algunos ladridos de perros como si persiguieran algún coyote en el cerro. También se escuchaban los rebuznidos de los burros que estaban en los corrales en la guamuchilera al otro lado del río. De repente, todos voltearon a ver al “Faifitas” que estaba haciendo unos rechinidos que escalofriaban el cuerpo. Rechinaba los dientes como remoliendo grillos y el cuerpo le temblaba como si le hubieran picado muchos alacranes al mismo tiempo y solo atinaba a voltear y mover la cara como si les avisara de un peligro. Herculano volteó hacia la parte de la huerta que les señalaba el “Faifitas” con la cabeza y dijo en voz alta:- ¡Ave María Purísima! y señaló una luz que se movía como a treinta metros de donde estaban…..
Amables lectores, el espacio se me terminó y la próxima semana continuaré el relato de lo que, según la leyenda, ocurrió en Yurécuaro hace mucho tiempo.Gracias por acompañarme.José Luis García Salazar.
René Martínez Valadez
En años recientes, científicos y filósofos han llegado a la conclusión de que “la pintura” fue lo que permitió a la humanidad, avanzar a pasos agigantados en su evolución en los últimos 20,000 años. Este arte, permitió a los seres humanos, desarrollar el lenguaje con lo cual pudieron expresar los mensajes del alma. Lo anterior ocurrió, de manera resumida en tres fases: la primera fue cuando nuestros ancestros crearon pinturas rupestres; después de eso, dieron origen a los “ideogramas”, que son los elementos precursores de la escritura y que representan las ideas que se quieren transmitir. La tercera fase fue la invención del alfabeto que permitió estructurar el lenguaje para escribir, leer y comunicar los aprendizajes de manera sistemática lo cual dio origen a las ciencias, la filosofía, la educación y todas las artes que caracterizan a los seres humanos poseedores de la sabiduría y el conocimiento. El personaje del que ahora hablaremos es un yurecuarense que ha sabido transmitirnos con sus pinturas, sus conocimientos, su espíritu y el alma de muchas cosas que representan el corazón de nuestro pueblo.
René Martínez nació el 21 de marzo de 1972. Es hijo de Evelia Valadez Rodríguez y Plutarco Martínez Pérez. Realizó estudios elementales en la Escuela Primaria Federal “Constitución de 1917”; después pasó por la Secundaria Justo Sierra y también por el Colegio de Bachilleres, todos ellos en Yurécuaro.
Sus estudios profesionales.Una vez que René terminó su educación de bachiller, su papá, el profesor Plutarco Martínez, le preguntó qué carrera quería seguir estudiando y en qué ciudad para ver “de qué tamaño” era la mensualidad que tendría que erogar la familia. La respuesta que escuchó lo dejó “frío” ya que René le dijo que por el momento no le atraía seguir una “carrera” tradicional y que mejor se iba a dedicar a la pintura. Plutarco, anduvo cabizbajo mucho tiempo pero a final de cuentas, como siempre lo ha hecho, respetó la decisión de su hijo y lo apoyó incondicionalmente.Fue así que René, como parte de su vocación artística, realizó primero estudios de “Dibujo artístico” y “Pintura al óleo” en el Instituto CEAC de la Ciudad de México. Posteriormente, estudió con el pintor peruano Medarno Romero que radicaba en Pajuacarán, Michoacán. Este maestro dominaba el trabajo de retoque fotográfico y otras técnicas depuradas. René también realizó sus primeras exposiciones pictóricas al lado de su maestro Romero. Para complementar sus conocimientos, también realizó estudios en Tecnologías de la Información enfocados al manejo de software fotográfico y diseño con ayuda de la computadora para poder estar a la vanguardia en este tiempo en que las nuevas tecnologías tienen un papel preponderante en el mundo.Actualmente está por terminar la Licenciatura en Gestión Cultural en la Universidad de Guadalajara conformando la primera generación de licenciados en dicha carrera en todo México. También está estudiando el Diplomado en Desarrollo Gerencial en la Universidad On Line de la Comunidad Yurecuarense Virtual.
Historia de la pintura.El Ser Humano, en su evolución y a diferencia de los otros animales, se ha caracterizado por poseer dotes artísticas. Las primeras manifestaciones las tenemos en las pinturas rupestres existentes en muchas cuevas de diferentes partes del mundo y fueron hechas, según algunos expertos, desde hace más de 30,000 años. Las pinturas rupestres iniciaron su fama mundial, al darse a conocer la cueva de Altamira en España y las cuevas de Lascaux y Aurignac en Francia. En el arte rupestre, nuestros ancestros simbolizaron principalmente seres humanos y animales como los bisontes, caballos, mamuts, ciervos y renos.Ahora bien, en nuestro país, se han encontrado pinturas rupestres en muchas partes como las de la Sierra de Guadalupe en Baja California Sur que se cree fueron hechas hace 7,500 años. También podemos encontrar este arte en zonas de Yucatán, Tlaxcala, Oaxaca, el Valle de México y muchas otras regiones de nuestro país.En términos generales, podemos decir que los pintores egipcios y babilonios fueron los que continuaron la obra después de aquellos que plasmaron su arte en las cavernas. La pintura egipcia, se desarrolló desde hace unos 6,000 años y fue eminentemente simbólica, lo cual, como dijimos al inicio de este artículo, dio pauta al nacimiento del alfabeto que habría de propiciar la transmisión del conocimiento, sobre todo en la civilización occidental hasta nuestros días. Este tipo de pintura se realizó en los palacios de los gobernantes pero sobre todo en sus tumbas y representaban a la naturaleza y pasajes de la vida cotidiana de la gente. El siguiente pueblo que continuó la pintura fue el de los minoicos en Creta y también los pobladores de Micenas hace 3,500 años. Después de ellos, los que tomaron su herencia fueron los griegos quienes a su vez la transmitieron a los romanos que nos dejaron buenos ejemplos de pintura mural en las ciudades de Herculano y Pompeya que fueron arrasadas por el volcán Vesubio en el año 79 de nuestra Era. Dando un salto en el tiempo, podemos decir que la pintura renacentista, de los siglos XV y XVI, con sus exponentes Giotto, Leonardo Da Vinci, Miguel Ángel, Rafael y Tiziano coronaron esos siglos del desarrollo de la humanidad ya que ellos nos dejaron infinidad de obras que expresan el alma y espíritu de la Creación de Dios. Después de estos grandes pintores, muchos han continuado su obra en diversas partes del mundo.
La pintura en México ha tenido grandes exponentes, muchos de ellos anónimos, sobre todo aquellos que plasmaron la historia de su pueblo en infinidad de murales como los de Bonampak, Teotihuacan, Cholula y Monte Albán y en códices como el Mendocino, el Borbónico, y el de La Tira de la Peregrinación, por citar solo unos pocos. Ya en tiempos de la Colonia, tenemos grandes pintores como Cristóbal de Villalpando, Baltasar de Echave, Luis Juárez, Juan Correa y Miguel Cabrera. En el s, XIX, tenemos pintores como José María Velasco, Hermenegildo Bustos y Julio Ruelas. En el s. XX destacan pintores como José Clemente Orozco, Diego Rivera, David Alfaro Sequeiros, Rafael Coronel, Rufino Tamayo, Juan Soriano, Francisco Toledo, Remedios Varo y, debido al espacio, dejo sin mencionar a miles de pintores mexicanos que nos siguen deleitando con su arte. Para nosotros los yurecuarenses, debe ser motivo de orgullo que en la lista anterior se tome en cuenta a René Martínez ya que a través de más de doscientas obras, ha sabido transmitirnos por medio de los colores de sus pinceles, infinidad de sentimientos, emociones y razones que no se pueden explicar con la palabra escrita ni contándolas ni cantándolas. Él es capaz de hacernos sentir el dolor de una madre al ver a su hijo crucificado. Y también, al ver sus cuadros, tanto nos puede convencer de ser compasivos y otorgar el perdón a quien nos ha hecho daño o puede despertar en nosotros la sensualidad humana y natural al ver los bien trazados cuerpos de hombres y mujeres que plasma en sus lienzos con tanta fidelidad y realismo.Quiero agregar aquí un comentario sobre el Síndrome de Stendhal (es un seudónimo de Henri-Marie Beyle), quien lo describió por primera vez cuando visitó la Basílica de Santa Cruz de Florencia, Italia en 1817. Estos síntomas de enfermedad se desatan cuando una persona es expuesta a demasiada belleza en un espacio corto de tiempo ya sea al observar pinturas u otras obras hermosas o al estar en presencia de áreas naturales indescriptibles. Los síntomas van desde simples mareos hasta psicosis total y causa un elevado ritmo cardiaco, vértigos y confusión. En la ciudad de Florencia es donde se tienen la mayor parte de los casos documentados de este síndrome que padecen los visitantes de sus museos. Menciono esto ya que, cualquiera de nosotros, pudiera padecer de estos síntomas cuando se ponga enfrente de alguna pintura de René ya sea que esté viendo el cuadro de “El Perdón” donde Jesús sostiene a una persona que aparentemente lo ha crucificado; es tanta la belleza y realismo, que parece que la mano se hunde en el cuerpo sostenido. También pudiera ser que al observar la pintura de “María de la Luz Rico” se transporten hasta el año 1816 cuando el Padre Torres arrasó con nuestro pueblo y se “quemen” con las llamas que brotan del templo incendiado. Aunque también pudieran sufrir de vértigos cuando vean el cuadro “La Libertad”, donde una bella mujer, de espaldas, va abriendo sus alas de mariposa y camina por un sendero de piedra. ¡Son tantas las emociones que brotan en nosotros cuando admiramos la obra de nuestro paisano!
Semblanza de algunas de las pinturas de René Martínez.Fue en 1999 Cuando René hizo por primera vez en Yurécuaro, una exposición de la obra que había reunido en sus doce años de labor artística y le llamó “Los 100 Cuadros”. El profesor Plutarco Martínez, consiguió que le facilitaran el portal interior de la Presidencia para llevar a cabo la exposición. Una vez que ya estaba la obra lista para ser visitada, pasaban las horas y no había gente a quien mostrársela por lo que Plutarco tuvo que hacer gala de convencimiento con todos aquellos que pasaban ya sea rumbo al mercado o cuando iban a comprarse unas paletas del “Churipio”. Prácticamente los jalaba y empujaba diciéndoles, ¡Pásenle, que no estamos cobrando por ver! Y poco a poco convenció a la gente a que se parara ante los cuadros. Ya avanzado el día, se acercó a René una persona que le preguntó cuánto costaba el cuadro llamado “El Rapto” (de Rubens) y cuando escuchó el precio, solamente se quedó absorto otro rato más ante la pintura y después abandonó el recinto. René se quedó pensando que quizás esta persona se había espantado por la cantidad que se pedía por él y ya no le dio importancia al asunto. Poco después, a René le extrañó ver que la persona se presentó ante él con paso decidido al mismo tiempo que le entregaba la cantidad solicitada. El comprador se llevó el cuadro y esa misma noche, con el producto de esa primera venta, René pudo pagar parte de sus deudas que ya eran muchas. Al otro día, nuevamente René quedó sorprendido al ver al comprador quien, muy afligido, le decía que iba a tener que devolver el cuadro porque su esposa no le había permitido instalar “tamaños desfiguros” dentro de su casa. René le dijo que había un pequeño problema ya que el dinero de la venta estaba ya en manos de otras personas y le explicó lo de sus deudas. El comprador le dijo que no importaba si solamente le permitía llevarse otros cuadros que alcanzaran la suma que él le había entregado y así quedó sellado el trato. Posteriormente, llegó otro comprador y se paró ante “El Rapto”. Preguntó el precio y en vista de que no era poco, preguntó también si podía pagarlo en dos partes y como era una persona conocida, René aceptó y el comprador pagó la primera parte y la pintura partió en su segundo viaje. Al siguiente día, ¡qué les cuento!, se presentó “El Rapto” en su segundo viaje de regreso y nuevamente el segundo comprador se había topado con el mismo regaño de su respectiva esposa que también había impedido la colocación del cuadro dentro de su hogar. René por su parte, como eran muchas sus deudas, por segunda ocasión se había adelantado a entregar el dinero recibido y por segunda ocasión, se realizó el trato mediante el cual, el segundo comprador se llevó varias pinturas para compensar lo que había pagado y…… todos contentos. Todo esto que yo les cuento, me lo platicó René en una ocasión en que fui a visitarlo a su taller de la calle Justo Sierra # 60. Me mostró “El Rapto” que estaba colgado de una de las paredes y vi que no era un cuadro común ya que medía poco más de un metro de ancho y poco menos de dos metros de alto. En esta pintura podemos apreciar a dos hombres que hacen gala de su fuerza e intentan subir a sus caballos a dos doncellas desnudas. ¡Pero que figuras de mujeres plasmó René en el lienzo! Se ven casi reales y tan es así que se lo comenté y él me dijo señalando a una de las piernas de una de las mujeres: “Mira José Luis, cada que viene algún amigo a visitarme, le dan una “pasadita” a la pierna y ya en varias ocasiones he tenido que retocarlas para quitarles la mancha porque mis amigos, ni siquiera alcanzan a lavarse las manos antes de sobarlas”. Después de esta plática, pasó algo de tiempo y la última vez que vi a René le pregunté qué fin había tenido el cuadro y me dijo que un día había llegado a su taller el primer comprador diciéndole ¿Dónde esta MI cuadro?, René lo llevó ante la pintura y el comprador volvió a quedarse absorto ante él, al mismo tiempo que preguntaba: ¿Cuánto te tengo que dar para llevármelo nuevamente? René le dijo el precio, al mismo tiempo que le advertía sobre el permiso de colocación dentro de su casa y el comprador con una sonrisa en la cara solamente le dijo: “Mis hijos ya crecieron y ya pueden ver este tipo de arte”. Si alguno de los que lleguen a leer estas líneas, está interesado en constatar mi apreciación pictórica, le recomiendo que pida de favor a don Jesús Durán que le permita apreciar SU cuadro (calle Guerrero junto al Centro de Salud). “Herencia” es el nombre de un óleo sobre tela que René elaboró y donó en 2005 mientras fungía como Director de La Casa de la Cultura. Es una composición de tres retratos: abuelo-padre-nieto (Lázaro-Cuautémoc-Lázaro), de la familia Cárdenas. Este cuadro y otros más, de manera desinteresada, los tuvo que entregar René al gobierno estatal con el fin de conseguir apoyos oficiales para hacer de La Casa de la Cultura de Yurécuaro un recinto digno donde se tuviera realmente el ambiente de superación cultural que demandaba nuestra ciudad en aquel entonces. Como bien sabemos todos, René fue el encargado de renovar y vitalizar los esfuerzos de un equipo de profesores para cumplir la Misión cultural encomendada y durante su gestión yo mismo pude ver cómo se fueron dotando las distintas áreas y departamentos con sus herramientas de apoyo que en ocasiones fueron pagadas voluntariamente con parte del sueldo de René. El cuadro “Herencia” fue una grata sorpresa que recibió el entonces gobernador de Michoacán, Lázaro Cárdenas Batel y fue motivo de muchos elogios al grado que, según cuentan, fue a parar a Cuba de donde es originaria su esposa.“México en la piel” es la pintura que representó la imagen distintiva del 1er Festival Mundial de Danza y que también fue el XV Festival Nacional Michoacán 2009. Esta pintura muestra con gran vigor la fuerza de la mexicanidad expresada por un charro y una mujer que se abraza a él como si le diera su fuerza para continuar la senda del amor y del trabajo. Este cuadro fue adquirido por el profesor J. Guadalupe García, director del Ballet Folklórico Internacional Yurécuaro y puede ser admirado en el Café de la calle Pípila.Retrato de “Tomasita” (abuelita de René), y del cual, no ha querido deshacerse porque pertenece a su colección privada. En este cuadro podemos admirar cómo las arrugas del rostro nos reflejan la sabiduría, la experiencia y el amor transmitido por nuestros ancestros. También tenemos las pinturas del Yurécuaro antiguo que han sido creadas a partir de viejas fotografías. Estas obras han circulado desde hace varios años en los típicos calendarios de pueblo que elaboran todavía empresas como Impresos ABC de Sahuayo y que adornan muchas de las casas de nuestra región y que son comprados ávidamente por nuestros paisanos inmigrantes que se los llevan como “pan caliente” hacia los Estado Unidos.Existen muchas otras pinturas, cuadros y retratos que hacen palpable el arte que nos regala René y que hacen palpitar y resonar nuestro espíritu.Amables lectores, como dijo Plutarco Martínez, ¡No se cobra por ver!Tampoco le teman al “Síndrome de Stendhal”, que a final de cuentas, se cura al cerrar los ojos. Gracias por estar nuevamente juntos en este sencillo comentario.
José Luis García Salazar
René Martínez nació el 21 de marzo de 1972. Es hijo de Evelia Valadez Rodríguez y Plutarco Martínez Pérez. Realizó estudios elementales en la Escuela Primaria Federal “Constitución de 1917”; después pasó por la Secundaria Justo Sierra y también por el Colegio de Bachilleres, todos ellos en Yurécuaro.
Sus estudios profesionales.Una vez que René terminó su educación de bachiller, su papá, el profesor Plutarco Martínez, le preguntó qué carrera quería seguir estudiando y en qué ciudad para ver “de qué tamaño” era la mensualidad que tendría que erogar la familia. La respuesta que escuchó lo dejó “frío” ya que René le dijo que por el momento no le atraía seguir una “carrera” tradicional y que mejor se iba a dedicar a la pintura. Plutarco, anduvo cabizbajo mucho tiempo pero a final de cuentas, como siempre lo ha hecho, respetó la decisión de su hijo y lo apoyó incondicionalmente.Fue así que René, como parte de su vocación artística, realizó primero estudios de “Dibujo artístico” y “Pintura al óleo” en el Instituto CEAC de la Ciudad de México. Posteriormente, estudió con el pintor peruano Medarno Romero que radicaba en Pajuacarán, Michoacán. Este maestro dominaba el trabajo de retoque fotográfico y otras técnicas depuradas. René también realizó sus primeras exposiciones pictóricas al lado de su maestro Romero. Para complementar sus conocimientos, también realizó estudios en Tecnologías de la Información enfocados al manejo de software fotográfico y diseño con ayuda de la computadora para poder estar a la vanguardia en este tiempo en que las nuevas tecnologías tienen un papel preponderante en el mundo.Actualmente está por terminar la Licenciatura en Gestión Cultural en la Universidad de Guadalajara conformando la primera generación de licenciados en dicha carrera en todo México. También está estudiando el Diplomado en Desarrollo Gerencial en la Universidad On Line de la Comunidad Yurecuarense Virtual.
Historia de la pintura.El Ser Humano, en su evolución y a diferencia de los otros animales, se ha caracterizado por poseer dotes artísticas. Las primeras manifestaciones las tenemos en las pinturas rupestres existentes en muchas cuevas de diferentes partes del mundo y fueron hechas, según algunos expertos, desde hace más de 30,000 años. Las pinturas rupestres iniciaron su fama mundial, al darse a conocer la cueva de Altamira en España y las cuevas de Lascaux y Aurignac en Francia. En el arte rupestre, nuestros ancestros simbolizaron principalmente seres humanos y animales como los bisontes, caballos, mamuts, ciervos y renos.Ahora bien, en nuestro país, se han encontrado pinturas rupestres en muchas partes como las de la Sierra de Guadalupe en Baja California Sur que se cree fueron hechas hace 7,500 años. También podemos encontrar este arte en zonas de Yucatán, Tlaxcala, Oaxaca, el Valle de México y muchas otras regiones de nuestro país.En términos generales, podemos decir que los pintores egipcios y babilonios fueron los que continuaron la obra después de aquellos que plasmaron su arte en las cavernas. La pintura egipcia, se desarrolló desde hace unos 6,000 años y fue eminentemente simbólica, lo cual, como dijimos al inicio de este artículo, dio pauta al nacimiento del alfabeto que habría de propiciar la transmisión del conocimiento, sobre todo en la civilización occidental hasta nuestros días. Este tipo de pintura se realizó en los palacios de los gobernantes pero sobre todo en sus tumbas y representaban a la naturaleza y pasajes de la vida cotidiana de la gente. El siguiente pueblo que continuó la pintura fue el de los minoicos en Creta y también los pobladores de Micenas hace 3,500 años. Después de ellos, los que tomaron su herencia fueron los griegos quienes a su vez la transmitieron a los romanos que nos dejaron buenos ejemplos de pintura mural en las ciudades de Herculano y Pompeya que fueron arrasadas por el volcán Vesubio en el año 79 de nuestra Era. Dando un salto en el tiempo, podemos decir que la pintura renacentista, de los siglos XV y XVI, con sus exponentes Giotto, Leonardo Da Vinci, Miguel Ángel, Rafael y Tiziano coronaron esos siglos del desarrollo de la humanidad ya que ellos nos dejaron infinidad de obras que expresan el alma y espíritu de la Creación de Dios. Después de estos grandes pintores, muchos han continuado su obra en diversas partes del mundo.
La pintura en México ha tenido grandes exponentes, muchos de ellos anónimos, sobre todo aquellos que plasmaron la historia de su pueblo en infinidad de murales como los de Bonampak, Teotihuacan, Cholula y Monte Albán y en códices como el Mendocino, el Borbónico, y el de La Tira de la Peregrinación, por citar solo unos pocos. Ya en tiempos de la Colonia, tenemos grandes pintores como Cristóbal de Villalpando, Baltasar de Echave, Luis Juárez, Juan Correa y Miguel Cabrera. En el s, XIX, tenemos pintores como José María Velasco, Hermenegildo Bustos y Julio Ruelas. En el s. XX destacan pintores como José Clemente Orozco, Diego Rivera, David Alfaro Sequeiros, Rafael Coronel, Rufino Tamayo, Juan Soriano, Francisco Toledo, Remedios Varo y, debido al espacio, dejo sin mencionar a miles de pintores mexicanos que nos siguen deleitando con su arte. Para nosotros los yurecuarenses, debe ser motivo de orgullo que en la lista anterior se tome en cuenta a René Martínez ya que a través de más de doscientas obras, ha sabido transmitirnos por medio de los colores de sus pinceles, infinidad de sentimientos, emociones y razones que no se pueden explicar con la palabra escrita ni contándolas ni cantándolas. Él es capaz de hacernos sentir el dolor de una madre al ver a su hijo crucificado. Y también, al ver sus cuadros, tanto nos puede convencer de ser compasivos y otorgar el perdón a quien nos ha hecho daño o puede despertar en nosotros la sensualidad humana y natural al ver los bien trazados cuerpos de hombres y mujeres que plasma en sus lienzos con tanta fidelidad y realismo.Quiero agregar aquí un comentario sobre el Síndrome de Stendhal (es un seudónimo de Henri-Marie Beyle), quien lo describió por primera vez cuando visitó la Basílica de Santa Cruz de Florencia, Italia en 1817. Estos síntomas de enfermedad se desatan cuando una persona es expuesta a demasiada belleza en un espacio corto de tiempo ya sea al observar pinturas u otras obras hermosas o al estar en presencia de áreas naturales indescriptibles. Los síntomas van desde simples mareos hasta psicosis total y causa un elevado ritmo cardiaco, vértigos y confusión. En la ciudad de Florencia es donde se tienen la mayor parte de los casos documentados de este síndrome que padecen los visitantes de sus museos. Menciono esto ya que, cualquiera de nosotros, pudiera padecer de estos síntomas cuando se ponga enfrente de alguna pintura de René ya sea que esté viendo el cuadro de “El Perdón” donde Jesús sostiene a una persona que aparentemente lo ha crucificado; es tanta la belleza y realismo, que parece que la mano se hunde en el cuerpo sostenido. También pudiera ser que al observar la pintura de “María de la Luz Rico” se transporten hasta el año 1816 cuando el Padre Torres arrasó con nuestro pueblo y se “quemen” con las llamas que brotan del templo incendiado. Aunque también pudieran sufrir de vértigos cuando vean el cuadro “La Libertad”, donde una bella mujer, de espaldas, va abriendo sus alas de mariposa y camina por un sendero de piedra. ¡Son tantas las emociones que brotan en nosotros cuando admiramos la obra de nuestro paisano!
Semblanza de algunas de las pinturas de René Martínez.Fue en 1999 Cuando René hizo por primera vez en Yurécuaro, una exposición de la obra que había reunido en sus doce años de labor artística y le llamó “Los 100 Cuadros”. El profesor Plutarco Martínez, consiguió que le facilitaran el portal interior de la Presidencia para llevar a cabo la exposición. Una vez que ya estaba la obra lista para ser visitada, pasaban las horas y no había gente a quien mostrársela por lo que Plutarco tuvo que hacer gala de convencimiento con todos aquellos que pasaban ya sea rumbo al mercado o cuando iban a comprarse unas paletas del “Churipio”. Prácticamente los jalaba y empujaba diciéndoles, ¡Pásenle, que no estamos cobrando por ver! Y poco a poco convenció a la gente a que se parara ante los cuadros. Ya avanzado el día, se acercó a René una persona que le preguntó cuánto costaba el cuadro llamado “El Rapto” (de Rubens) y cuando escuchó el precio, solamente se quedó absorto otro rato más ante la pintura y después abandonó el recinto. René se quedó pensando que quizás esta persona se había espantado por la cantidad que se pedía por él y ya no le dio importancia al asunto. Poco después, a René le extrañó ver que la persona se presentó ante él con paso decidido al mismo tiempo que le entregaba la cantidad solicitada. El comprador se llevó el cuadro y esa misma noche, con el producto de esa primera venta, René pudo pagar parte de sus deudas que ya eran muchas. Al otro día, nuevamente René quedó sorprendido al ver al comprador quien, muy afligido, le decía que iba a tener que devolver el cuadro porque su esposa no le había permitido instalar “tamaños desfiguros” dentro de su casa. René le dijo que había un pequeño problema ya que el dinero de la venta estaba ya en manos de otras personas y le explicó lo de sus deudas. El comprador le dijo que no importaba si solamente le permitía llevarse otros cuadros que alcanzaran la suma que él le había entregado y así quedó sellado el trato. Posteriormente, llegó otro comprador y se paró ante “El Rapto”. Preguntó el precio y en vista de que no era poco, preguntó también si podía pagarlo en dos partes y como era una persona conocida, René aceptó y el comprador pagó la primera parte y la pintura partió en su segundo viaje. Al siguiente día, ¡qué les cuento!, se presentó “El Rapto” en su segundo viaje de regreso y nuevamente el segundo comprador se había topado con el mismo regaño de su respectiva esposa que también había impedido la colocación del cuadro dentro de su hogar. René por su parte, como eran muchas sus deudas, por segunda ocasión se había adelantado a entregar el dinero recibido y por segunda ocasión, se realizó el trato mediante el cual, el segundo comprador se llevó varias pinturas para compensar lo que había pagado y…… todos contentos. Todo esto que yo les cuento, me lo platicó René en una ocasión en que fui a visitarlo a su taller de la calle Justo Sierra # 60. Me mostró “El Rapto” que estaba colgado de una de las paredes y vi que no era un cuadro común ya que medía poco más de un metro de ancho y poco menos de dos metros de alto. En esta pintura podemos apreciar a dos hombres que hacen gala de su fuerza e intentan subir a sus caballos a dos doncellas desnudas. ¡Pero que figuras de mujeres plasmó René en el lienzo! Se ven casi reales y tan es así que se lo comenté y él me dijo señalando a una de las piernas de una de las mujeres: “Mira José Luis, cada que viene algún amigo a visitarme, le dan una “pasadita” a la pierna y ya en varias ocasiones he tenido que retocarlas para quitarles la mancha porque mis amigos, ni siquiera alcanzan a lavarse las manos antes de sobarlas”. Después de esta plática, pasó algo de tiempo y la última vez que vi a René le pregunté qué fin había tenido el cuadro y me dijo que un día había llegado a su taller el primer comprador diciéndole ¿Dónde esta MI cuadro?, René lo llevó ante la pintura y el comprador volvió a quedarse absorto ante él, al mismo tiempo que preguntaba: ¿Cuánto te tengo que dar para llevármelo nuevamente? René le dijo el precio, al mismo tiempo que le advertía sobre el permiso de colocación dentro de su casa y el comprador con una sonrisa en la cara solamente le dijo: “Mis hijos ya crecieron y ya pueden ver este tipo de arte”. Si alguno de los que lleguen a leer estas líneas, está interesado en constatar mi apreciación pictórica, le recomiendo que pida de favor a don Jesús Durán que le permita apreciar SU cuadro (calle Guerrero junto al Centro de Salud). “Herencia” es el nombre de un óleo sobre tela que René elaboró y donó en 2005 mientras fungía como Director de La Casa de la Cultura. Es una composición de tres retratos: abuelo-padre-nieto (Lázaro-Cuautémoc-Lázaro), de la familia Cárdenas. Este cuadro y otros más, de manera desinteresada, los tuvo que entregar René al gobierno estatal con el fin de conseguir apoyos oficiales para hacer de La Casa de la Cultura de Yurécuaro un recinto digno donde se tuviera realmente el ambiente de superación cultural que demandaba nuestra ciudad en aquel entonces. Como bien sabemos todos, René fue el encargado de renovar y vitalizar los esfuerzos de un equipo de profesores para cumplir la Misión cultural encomendada y durante su gestión yo mismo pude ver cómo se fueron dotando las distintas áreas y departamentos con sus herramientas de apoyo que en ocasiones fueron pagadas voluntariamente con parte del sueldo de René. El cuadro “Herencia” fue una grata sorpresa que recibió el entonces gobernador de Michoacán, Lázaro Cárdenas Batel y fue motivo de muchos elogios al grado que, según cuentan, fue a parar a Cuba de donde es originaria su esposa.“México en la piel” es la pintura que representó la imagen distintiva del 1er Festival Mundial de Danza y que también fue el XV Festival Nacional Michoacán 2009. Esta pintura muestra con gran vigor la fuerza de la mexicanidad expresada por un charro y una mujer que se abraza a él como si le diera su fuerza para continuar la senda del amor y del trabajo. Este cuadro fue adquirido por el profesor J. Guadalupe García, director del Ballet Folklórico Internacional Yurécuaro y puede ser admirado en el Café de la calle Pípila.Retrato de “Tomasita” (abuelita de René), y del cual, no ha querido deshacerse porque pertenece a su colección privada. En este cuadro podemos admirar cómo las arrugas del rostro nos reflejan la sabiduría, la experiencia y el amor transmitido por nuestros ancestros. También tenemos las pinturas del Yurécuaro antiguo que han sido creadas a partir de viejas fotografías. Estas obras han circulado desde hace varios años en los típicos calendarios de pueblo que elaboran todavía empresas como Impresos ABC de Sahuayo y que adornan muchas de las casas de nuestra región y que son comprados ávidamente por nuestros paisanos inmigrantes que se los llevan como “pan caliente” hacia los Estado Unidos.Existen muchas otras pinturas, cuadros y retratos que hacen palpable el arte que nos regala René y que hacen palpitar y resonar nuestro espíritu.Amables lectores, como dijo Plutarco Martínez, ¡No se cobra por ver!Tampoco le teman al “Síndrome de Stendhal”, que a final de cuentas, se cura al cerrar los ojos. Gracias por estar nuevamente juntos en este sencillo comentario.
José Luis García Salazar
YURECUARO
Flavio A. Rizo Carrillo
En Yurécuaro hemos tenido ídolos del deporte que nos han dejado grandes satisfacciones. En las décadas de 1940 y 1950, en béisbol contamos con Octaviano Castellanos y con Lauzán. En fútbol, sobre todo, en la segunda mitad de la década de 1950, tuvimos la figura de Flavio Rizo a quien el destino le hizo una mala jugada y le impidió ser futbolista profesional. Nuestro personaje de hoy, nace un 5 de octubre de 1938 y fallece el 19 de diciembre de 1994. Sus padres fueron Soledad carrillo y José Matilde (Tiye) Rizo García quien le heredó la afición por el deporte y de acuerdo a lo que nos dejó escrito Manuel González Mariscal: “El “Tiye” fue un distinguido integrante del equipo “Imperial” que allá por 1927, obtuvo varios triunfos sobre equipos de primera categoría de la Capital de la República, uno de ellos, el glorioso equipo Marte”.Flavio Rizo, realizó sus primeros estudios en la Escuela Primaria Federal “Constitución de 1917” de Yurécuaro. Posteriormente se trasladó a la ciudad de Morelia donde cursó la secundaria y después a la ciudad de Guadalajara donde realizó sus estudios vocacionales y la carrera de Ingeniería Mecánica y Eléctrica. La Secretaría de Educación Pública le extendió su cédula profesional el 11 de diciembre de 1973. A la par de su vida de estudiante y estando en Guadalajara, jugaba volibol y básketbol donde recibió una medalla por ser el jugador del año además de varios reconocimientos por su espíritu deportivo. En Yurécuaro jugó desde muy chico en el equipo Atlas bajo la tutela de Cheo Godínez quien era el entrenador y donde lograron los campeonatos de los años 55, 56, 57 y 58. Cheo lo describe como: “…. un jugador alto, fuerte y elegante de corte moderno. Era un gran comodín y por arriba nadie lo pasaba; sus barridas eran justas y limpias comparables a las de los grandes seleccionados nacionales Jesús del Muro y Gustavo Peña”. También Cheo relata que en una ocasión en que fueron a jugar al poblado de Jesús María, encontraron grandes anuncios del partido en la Plaza Principal; en ellos se leía: “Hoy en el campo deportivo local, se presentan los mejores delanteros del campeonato: la pareja infernal formada por el Húngaro y Pascualet” (Andrés Rodríguez). Sigue relatando Cheo que se jugó primero el partido de segunda fuerza donde los del Atlas de Yurécuaro empataron a dos tantos y en la primera fuerza derrotaron a los de Jesús María con goles de Andrés y de Flavio. Los jugadores creían que los del pueblo los iban a apedrear por haberlos derrotado pero en lugar de eso, aplaudieron y los felicitaron por el gran juego que brindaron al público. Además de “la pareja infernal”, los jugadores que integraban al Atlas eran: Jesús Zárate, Manuel Bravo, Rogelio Rodríguez, Flavio Medina, Antonio Leyva, Gonzalo Rizo, Leonardo García, Ignacio Valencia y Salvador Tirado.Jugando fútbol, Flavio sufrió un accidente en Atotonilco, Jalisco en abril de 1961 y un mes después le amputaron la pierna derecha.En mayo de 1961, el día en que regresó del hospital donde lo habían intervenido, se corrió el rumor de que “el Húngaro” iba a llegar en la tarde y el pueblo se empezó a juntar en la calle Morelos desde “la Tetilla” y hasta la Plaza Principal, como si esperáramos al mismísimo presidente de La República o como si fuera el desfile del 16 de Septiembre. Hasta recuerdo que alguien mandó traer una “gruesa” de cohetes y los estuvieron aventando y como vieron que no llegaba el coche que lo transportaba, tuvieron que traer más pólvora porque, ¡faltaba más! A nuestro querido “Húngaro” no se le podía recibir con tan poco alboroto porque bien se lo había ganado.Cuando llegó la comitiva, toda la gente les aventaba confeti y serpentinas. Fue un gran recibimiento y el templo estuvo a reventar durante la misa que se celebró en su honor. Hubo mucha gente llorando, las mujeres sin un ápice de rubor y muchos hombres, mejor se salían a “agarrar aire” para que no los vieran con “las de San Pedro” bajándoles por la cara.Le apodaban “el Húngaro”.Y como decía la palomilla, “no le decíamos el Húngaro porque viniera con ese grupo de gente en sus viejos camiones a leernos la suerte o a robarnos las gallinas, sino porque era igualito al famoso Puskas goleador de Hungría y que en 1952 ganó la medalla de oro en los Juegos Olímpicos y posteriormente causó furor en el Mundial de 1954 al ser subcampeón del mundo. En sus tiempos, Puskas era el mejor goleador de Europa y nosotros, aquí en Yurécuaro, también teníamos nuestro “húngaro”.En 1960 yo tuve la oportunidad de verlo convivir con sus amigos. Fue durante una “novillada” que se celebraba en la placita de toros de los Curiel en San José. Allí estaba con sus amigos: Rogelio Alcalá, Gilberto y “Chel” González, Javier Bárcena, Alberto Gómez, Lolo Hernández, “El Cachis”, y varios mas que se divertían alegremente. Lo primero que hicieron fue aventar “la media” (en realidad eran varias medias, llenas de anilina de varios colores) las cuales hondeaban sobra la cabeza y después las lanzaban hasta las gradas del otro lado de la placita. Obviamente que al que le caía una media, primero se encorajinaba pero luego luego, “agarraba la onda” y la aventaba a otro y así sucesivamente hasta quedar casi todos los asistentes, “pintados” como arcoiris. Después, debido a la apuesta que habían hecho, uno a uno bajaron a enfrentarse a la vaquilla que estaba programada para la “corrida”. Unos sorteaban bien al animal con el capote pero otros rodaban por el suelo después de ser topeteados; sin embargo, ninguno se rajó y todos volvieron a las gradas después de mostrar sus dotes atléticas. Su vida profesional.Trabajó en la Fábrica de autos Ford en la ciudad de México. La planta estaba localizada en las cercanías de La Villa de Guadalupe; allí se desempeñó en los departamentos de Manufactura e Ingeniería Industrial desde 1965 hasta 1978.En esta empresa se le otorgaron varios diplomas, uno de ellos fue por su puntualidad y asiduidad ya que nunca faltaba a sus labores y era considerado un ejemplo por su responsabilidad en el trabajo.También se distinguió por ser uno de los mejores jugadores de boliche y un modelo a seguir para todo el personal por su entusiasmo, optimismo, espíritu de lucha y pundonor ya que ponía la muestra de nunca dejarse vencer por ninguna adversidad. En abril de 1967, el periodista Benjamín Alarcón publicó un amplio reportaje sobre Flavio en el Diario Deportivo La Afición de la Ciudad de México: “El ingeniero mecánico electricista Flavio A. Rizo, nativo de Yurécuaro, Michoacán, es un gran atleta y consumado deportista. El joven jugador de la Liga Ford da la más admirable prueba de que el boliche es el deporte de más amplias posibilidades de practicarlo. Él ha destacado en la mencionada liga y constantemente puntea los marcadores. Todo esto no tiene nada de extraordinario ya que hay muchos jugadores que lo hacen a diario; sin embargo, sucede que el ingeniero Rizo, que sólo tiene 27 años de edad, cuando jugaba fútbol, en un choque con el guardameta, resultó lesionado de la pierna derecha al grado de que le fue amputada hasta muy arriba de la rodilla. Y así, con solo la pierna izquierda, juega boliche como miembro del equipo “los Invencibles”. El ingeniero Rizo que, es como citamos antes, un verdadero atleta y con un corazón enorme, nunca se desanimó ante el golpe de la adversidad, sino que sigue practicando también natación y volibol. Actualmente, tiene un promedio de 123 puntos, que ya quisiéramos muchos y que, dado lo que está progresando, irá mejorando con el tiempo. Como un mensaje de admiración y estímulo, hemos citado este caso excepcional que prueba que nada es capaz de detener a un hombre cuando tiene bien plantado el corazón, y ama los deportes”.
El Húngaro se nos adelantó.En diciembre de 1994, cuando acompañamos a nuestro gran amigo a su última morada, muchos grupitos de personas estaban relatando algunas de las vivencias que compartieron con “el Húngaro”: alguien dijo que, “cuando era chico, Flavio siempre iba a ver el pizarrón que ponía el Sr. Cura afuera del templo con la clasificación de las películas que pasaban en el Cine Estrella y cuando estaban en B1 y B2 casi nunca se gastaba su domingo yendo al cine sino cuando estaban las películas en B3 y no se diga las C1 y C2”. También dijo que el Húngaro le había comentado en broma que las C3 realmente eran muy pocas y ni su papá las podía ver. Otra persona agregó, “Era muy pícaro ese Flavio y también muy querido por la palomilla”.Otro contó de lo mucho que le gustaban las Pastorelas cuando era un chamaco y se iba a verlas a la Capilla de Cristo Rey donde la gente disfrutaba “los agarres” que se daban Luzbel y el Ángel Miguel al que acompañaban los pastores: Bato, Gil, Bartolo, Parrado, Toringo y el Ermitaño. Eran diálogos como éste donde el Ángel Miguel entra preguntando a toda la concurrencia:
“¿A dónde se fue esa fiera, como amigo y como falso? Engaña y pone a los hombres en tanto riesgo y peligro, Que, por mandato de Dios, sólo a correrlo he venido. Porque es astuto y sagaz, Inquieta y niega la paz, Que él mismo ha aborrecido”.
Con voz cavernosa Luzbel le contesta: “Yo soy aquel que faculto, Haré la tierra temblar, El sol, la luna eclipsar, Disparando noche y día, Más piezas de artillería, Que arenas tiene la mar”.
Interviene Bartolo: “Por aquí anda ese feroz, Con esos cuernos de cabra, Engañando a los pastores, Para ver si le dan posada”.
El Ángel interviene nuevamente levantando la espada contra el demonio: “¿Quién es el que valeroso, Que a fuerza de su poder, Quiere que le den posada?”
Luzbel se defiende: “¡Detente, Miguel, y aguarda, Si conoces mis furores, Y suplica a los pastores, No me nieguen la posada!”
Flavio se pasaba buenos ratos junto a todos los actores y por eso llegaba tarde a su casa donde le daban también su castigo como al diablo de la Pastorela.Otro de ellos contó de la vez en que la palomilla andaba en la Plaza Principal dando la vuelta y se acercó a ellos Melitón “el toquero” que venía de La Piedad. Con una cara de burla, los retó a ver quien aguantaba “toda la vara” y llevando de por medio una apuesta de 20 pesos. Ellos ya sabían que Melitón se mojaba una mano para agarrar al que veía que estaba aguantando con lo cual, éste tenía que soltar las barras de los toques a causa del dolor provocado. Aceptó el reto “el Húngaro” y agarró las barras, pero uno de sus amigos, se puso abusado y no dejó a Melitón usar su truco con lo cual tuvo que pagar los 20 pesos que Flavio usó para comprar varias gardenias que entregó a su novia. Nuestro querido Manuel González Mariscal le dedicó unas emotivas palabras cuando lo acompañamos a su última morada en diciembre de 1994: “…..su niñez pasó como la de todos los mortales, a excepción de una pequeña diferencia: su afición por el deporte. Esta afición, herencia de su padre quien fuera un distinguido integrante del equipo local “Imperial” allá por 1927 que obtuvo varios triunfos sobre equipos de primer nivel de la mismísima Capital de la República y siendo una de sus víctimas el equipo “Marte” que ya se había ganado una gloriosa trayectoria en el deporte nacional. En 1955, siendo muy joven Flavio, salió del montón de futbolistas para defender los colores del once del “Atlas”. Después pasó a formar parte del equipo “Yurécuaro” impulsado por el calor y entusiasmo de Eliseo Godínez y que agrupaba a lo más granado de la juventud de entonces. Todavía recordamos con gran emoción defendiendo con honor al incipiente equipo, a Nacho Valencia, Javier Bárcena, Ignacio Hernández Guerrero y a los hermanos Antonio y J. Dolores Hernández, Andrés Rodríguez, Roberto Sánchez y tantos jóvenes que ahora ya son hombres. En 1960, Flavio se convirtió en campeón goleador y llamó poderosamente la atención no solo de los yurecuarenses sino de gente de otros lugares”. “El Colegio Luis Silva y la Escuela Vocacional de la Universidad de Guadalajara, conservan huellas marcadas profundamente por un deportista de altos vuelos: Flavio Rizo Carrillo quien compitió en los juegos juveniles representando al estado de Jalisco. Fue un jugador “non” en el equipo de volibol de la selección que compitió por el campeonato nacional con miras a juegos internacionales”. Mariscal continuó con la semblanza: “Del 4 de mayo de 1961, no queremos ni acordarnos. En Atotonilco, surgió la barrera que habría de frenar los ímpetus de un deportista, pero allí también surgió la fecha en que nació TODO UN HOMBRE: Flavio Rizo Carrillo”. Al terminar de hablar Mariscal, todos guardamos un profundo y respetuoso silencio con el cual despedíamos a quien se hizo querer por toda la gente que le rodeaba.Estimados lectores, hace casi quince años que se nos adelantó nuestro amigo. Recordémoslo y guardemos su ejemplo de amor al deporte y sobre todo la capacidad de no rendirse ante las adversidades de la vida.Gracias por acompañarme nuevamente.
José Luis García Salazar
El Húngaro se nos adelantó.En diciembre de 1994, cuando acompañamos a nuestro gran amigo a su última morada, muchos grupitos de personas estaban relatando algunas de las vivencias que compartieron con “el Húngaro”: alguien dijo que, “cuando era chico, Flavio siempre iba a ver el pizarrón que ponía el Sr. Cura afuera del templo con la clasificación de las películas que pasaban en el Cine Estrella y cuando estaban en B1 y B2 casi nunca se gastaba su domingo yendo al cine sino cuando estaban las películas en B3 y no se diga las C1 y C2”. También dijo que el Húngaro le había comentado en broma que las C3 realmente eran muy pocas y ni su papá las podía ver. Otra persona agregó, “Era muy pícaro ese Flavio y también muy querido por la palomilla”.Otro contó de lo mucho que le gustaban las Pastorelas cuando era un chamaco y se iba a verlas a la Capilla de Cristo Rey donde la gente disfrutaba “los agarres” que se daban Luzbel y el Ángel Miguel al que acompañaban los pastores: Bato, Gil, Bartolo, Parrado, Toringo y el Ermitaño. Eran diálogos como éste donde el Ángel Miguel entra preguntando a toda la concurrencia:
“¿A dónde se fue esa fiera, como amigo y como falso? Engaña y pone a los hombres en tanto riesgo y peligro, Que, por mandato de Dios, sólo a correrlo he venido. Porque es astuto y sagaz, Inquieta y niega la paz, Que él mismo ha aborrecido”.
Con voz cavernosa Luzbel le contesta: “Yo soy aquel que faculto, Haré la tierra temblar, El sol, la luna eclipsar, Disparando noche y día, Más piezas de artillería, Que arenas tiene la mar”.
Interviene Bartolo: “Por aquí anda ese feroz, Con esos cuernos de cabra, Engañando a los pastores, Para ver si le dan posada”.
El Ángel interviene nuevamente levantando la espada contra el demonio: “¿Quién es el que valeroso, Que a fuerza de su poder, Quiere que le den posada?”
Luzbel se defiende: “¡Detente, Miguel, y aguarda, Si conoces mis furores, Y suplica a los pastores, No me nieguen la posada!”
Flavio se pasaba buenos ratos junto a todos los actores y por eso llegaba tarde a su casa donde le daban también su castigo como al diablo de la Pastorela.Otro de ellos contó de la vez en que la palomilla andaba en la Plaza Principal dando la vuelta y se acercó a ellos Melitón “el toquero” que venía de La Piedad. Con una cara de burla, los retó a ver quien aguantaba “toda la vara” y llevando de por medio una apuesta de 20 pesos. Ellos ya sabían que Melitón se mojaba una mano para agarrar al que veía que estaba aguantando con lo cual, éste tenía que soltar las barras de los toques a causa del dolor provocado. Aceptó el reto “el Húngaro” y agarró las barras, pero uno de sus amigos, se puso abusado y no dejó a Melitón usar su truco con lo cual tuvo que pagar los 20 pesos que Flavio usó para comprar varias gardenias que entregó a su novia. Nuestro querido Manuel González Mariscal le dedicó unas emotivas palabras cuando lo acompañamos a su última morada en diciembre de 1994: “…..su niñez pasó como la de todos los mortales, a excepción de una pequeña diferencia: su afición por el deporte. Esta afición, herencia de su padre quien fuera un distinguido integrante del equipo local “Imperial” allá por 1927 que obtuvo varios triunfos sobre equipos de primer nivel de la mismísima Capital de la República y siendo una de sus víctimas el equipo “Marte” que ya se había ganado una gloriosa trayectoria en el deporte nacional. En 1955, siendo muy joven Flavio, salió del montón de futbolistas para defender los colores del once del “Atlas”. Después pasó a formar parte del equipo “Yurécuaro” impulsado por el calor y entusiasmo de Eliseo Godínez y que agrupaba a lo más granado de la juventud de entonces. Todavía recordamos con gran emoción defendiendo con honor al incipiente equipo, a Nacho Valencia, Javier Bárcena, Ignacio Hernández Guerrero y a los hermanos Antonio y J. Dolores Hernández, Andrés Rodríguez, Roberto Sánchez y tantos jóvenes que ahora ya son hombres. En 1960, Flavio se convirtió en campeón goleador y llamó poderosamente la atención no solo de los yurecuarenses sino de gente de otros lugares”. “El Colegio Luis Silva y la Escuela Vocacional de la Universidad de Guadalajara, conservan huellas marcadas profundamente por un deportista de altos vuelos: Flavio Rizo Carrillo quien compitió en los juegos juveniles representando al estado de Jalisco. Fue un jugador “non” en el equipo de volibol de la selección que compitió por el campeonato nacional con miras a juegos internacionales”. Mariscal continuó con la semblanza: “Del 4 de mayo de 1961, no queremos ni acordarnos. En Atotonilco, surgió la barrera que habría de frenar los ímpetus de un deportista, pero allí también surgió la fecha en que nació TODO UN HOMBRE: Flavio Rizo Carrillo”. Al terminar de hablar Mariscal, todos guardamos un profundo y respetuoso silencio con el cual despedíamos a quien se hizo querer por toda la gente que le rodeaba.Estimados lectores, hace casi quince años que se nos adelantó nuestro amigo. Recordémoslo y guardemos su ejemplo de amor al deporte y sobre todo la capacidad de no rendirse ante las adversidades de la vida.Gracias por acompañarme nuevamente.
José Luis García Salazar
Ignacio Estrada Navarro
Estimados lectores, los invito a honrar la memoria de una persona que amó a nuestra tierra. Este cariño lo dejó plasmado en su obra: “Historia de Yurécuaro desde su fundación hasta la actualidad”, y la hizo con el propósito de “dejar un recuerdo perpetuo a los hijos y vecinos de esta ciudad para que vean con detenimiento e interés, lo que fue, lo que es y lo que se le espera en el futuro a nuestra tierra natal que está llamada a la prosperidad y el progreso”. Como veremos líneas adelante, además de lo anterior, también participó en la vida económica, social, política y cultural dejándonos una parte de la herencia que hoy disfrutamos.Ignacio Estrada nació el 16 de septiembre de 1866 y murió el 28 de febrero de 1945. Sus padres fueron Rosa Navarro y José de Jesús Estrada. Tres años antes de morir escribió estas líneas: “La gente de todos los pueblos cultos de la tierra que tienen cariño por el terruño que los vio nacer, conservan los deseos más gratos de estar al corriente de los pasajes históricos que han estado cruzando desde los remotos tiempos de su fundación hasta la actualidad”. Agrega, “ …..es necesario hacer un análisis de las actividades antiguas y presentes de nuestro pueblo y deben tomarse como punto de partida para cristalizar los progresos sucesivos y el bienestar de la colectividad que ha de nutrirse del trabajo y de tantas cosas que han cambiado intempestivamente y en lo sucesivo veremos cambios más sorprendentes”. Como vemos en los párrafos anteriores, Ignacio Estrada, estaba consciente de nuestra cultura y nos invita a seguir estando orgullosos de los pasajes históricos que nos imprimen un sello específico dentro de la vida y de la historia de nuestra región y de nuestro país. También nos habla del constante trabajo en pro del bienestar de la colectividad y estar atentos a los cambios tan vertiginosos y sorprendentes que nos esperan. Nuestro antepasado tenía una gran visión y una gran esperanza en el futuro que hoy ya estamos viviendo nosotros y en el futuro que será vivido por las nuevas generaciones. De 1896 a 1924, la vida política de Yurécuaro contó con la participación de Ignacio Estrada Navarro que en nueve ocasiones ocupó la presidencia municipal, ya que por diversas causas tomaba el cargo que muchos no querían. Los años en que estuvo al frente de la presidencia municipal fueron: 1896, 1897, 1898, 1899, 1900, 1901, 1904, 1919 y 1924.El ser escogido en tantas ocasiones para ocupar ese cargo tan importante, se debió a los conocimientos y cultura que poseía Ignacio Estrada. Él fue un gran estudioso de dos historiadores: Fray Francisco Frejes y Manuel Payno. Francisco Frejes nació en Guadalajara en 1784, y escribió “Historia Breve de la Conquista de los Estados Independientes del Antiguo Imperio Mexicano”. En ella nos pone los resultados de su investigación sobre la vida de estos antiguos pueblos con el fin de esclarecer nuestro pasado remoto.Por su parte, el historiador Manuel Payno, nació en 1820 y murió en 1893. Fue un importante diplomático, periodista y educador que influyó mucho en la vida económica, social y política de la segunda mitad del s. XIX en México. Escribió varias obras, de las cuales, nuestro personaje, tomó de base, “Ensayo de una Historia de Michoacán”, publicada en 1870 por la Sociedad mexicana de Geografía y Estadística. Por otra parte, Manuel Payno fue un político liberal “moderado” que junto con otros partidarios, trataron de terminar con la violencia que se venía dando en el país desde hacía varias décadas en los años de 1855 a 1875. Ellos pretendían conciliar los extremos de dos bandos políticos, los conservadores y los liberales, que eran los que influían en la vida política y que se mantenían en constantes pleitos que no permitían el progreso social y económico de la población que ya estaba cansada de tanta violencia. Probablemente, Ignacio Estrada, de allí tomó su gran amor a la paz y fue su gran impulsor en Yurécuaro. Enfatizaba que solamente en un clima pacífico, podría avanzar México. Decía: “Si una vez consumada la independencia de la Patria, México hubiera entrado en una era de paz, la paz y la libertad habrían producido para todos los pueblos de la República, días bonancibles, de engrandecimiento y prosperidad; pero no fue así, continuaron las luchas internas como se acostumbra, deteniendo la marcha del progreso”.
El entorno político de México 1900-1910.Durante la época en que estuvo Ignacio Estrada al frente del gobierno municipal, sucedieron muchos acontecimientos que afectaron la vida en Yurécuaro y sin embargo, y afortunadamente, no hubo hechos sangrientos que lamentar y nuestro pueblo vivió pacíficamente. Recordemos que por esos años en el País, se vivían situaciones que orillaron a la lucha revolucionaria, impulsada primordialmente, por los partidos anti-reeleccionistas. Como antecedentes de éstos, recordemos que desde 1900 habían surgido los llamados “Clubes Liberales” y tres años después organizaron muchas protestas contra la reelección de Porfirio Diaz y él les respondió con cárcel y muerte a los inconformes. Aun se recuerda el lema que apareció en el periódico El Hijo del Ahuizote: “La Constitución ha muerto”. Por esos años, fue muy comentada la lucha de los hermanos Flores Magón contra el gobierno porfirista y a causa de ella, tuvieron que exiliarse en los Estados Unidos. En 1906, se da la huelga de Cananea en Sonora donde los luchadores sociales fueron reprimidos con un saldo de decenas de muertos. También se dieron otras rebeliones populares en Acayucan, Minatitlán, Río Blanco y Veracruz. Para 1908, comenzó a circular el libro de Francisco I. Madero, La Sucesión Presidencial que atizó más los ánimos en el territorio nacional. Hubo también movimientos en Chihuahua con Abraham González, en Morelos con Emiliano Zapata, en Puebla con Los Hermanos Serdán y en Michoacán y Jalisco con Salvador Escalante y Ramón Romero. Ahora bien, para 1909 existía el Partido Reeleccionista de los llamados “Científicos”, una camarilla que apoyaba la nueva reelección de Diaz y que laboraban en cargos públicos y se sentían como los dueños de la Nación. Aunque en 1908, Diaz había dicho al periodista estadounidense James Creelman, que no se volvería a postular, sus correligionarios lo postularon para las elecciones de 1910 lo cual fue el detonante para iniciar la Revolución Mexicana en dicho año.Ahora bien, como ya lo mencioné anteriormente, aunque en todo el Territorio nacional, había gran efervescencia política, en nuestro pueblo solamente se presentó una lucha “relativamente pacífica” y más civilizada. Aquí se tenían representaciones políticas de ambos partidos, el Partido Reeleccionista que apoyaba a Diaz y el Partido Anti- Reeleccionista que apoyaba la lucha de Madero; en ambos partidos, como ocurre en la actualidad, habían miembros de una misma familia que eran opositores políticos; lo cual ayudó grandemente ya que la forma de pensar fue respetada y no se tuvieron que tomar las armas. Ahora bien, años después que inició la revuelta armada, varios yurecuarenses se sumaron a distintas facciones tanto maderistas como villistas o carrancistas. En este ambiente social fue donde florecieron las artes conciliatorias de Ignacio Estrada y lo llevaron a ser uno de los baluartes de Yurécuaro en esa época.
Ignacio Estrada como historiador. Él nos ha narrado varios hechos que son fundamentales para conocer un poco sobre la vida de nuestros antepasados. En ellos me he basado para escribir algunas de mis anteriores columnas como: Perfecto Gallego, el yurecuarense que murió en las mazmorras de la Inquisición en 1801, Nicolás Tamayo y Marcelino Lorenzo, los amigos que murieron juntos por el juramento que se habían hecho en 1816 y Andrés Ventura, héroe de tiempos de la guerra de Independencia. A la obra que escribió en 1942 la calificó como “un rasgo de estadística bien definido de nuestro pueblo”. A su vez, él decía que la Estadística “trata del número de habitantes, de la riqueza pública, de los productos nacionales. De la industria y del grado de adelanto de una nación, estado distrito o municipio”.
Por mi parte, puedo agregar, de acuerdo al diccionario Larousse, que la Estadística es “la ciencia que se ocupa de la reunión de todos los hechos que se pueden valorar numéricamente para hacer comparaciones entre las cifras y sacar conclusiones aplicando la teoría de las probabilidades”. También podemos decir, de acuerdo a otros autores como J. Boot, que la “Estadística es el conjunto de teoría y metodología empleadas para usar y analizar evidencia numérica y seleccionar una decisión o acción entre varias alternativas disponibles, cuando no se conocen todos los hechos relevantes”. Con todo esto en mente, vemos que nuestro personaje intuía desde hace muchos años, que tenemos asegurado por delante, el premio del desarrollo económico, siempre y cuando, nos preparemos y trabajemos con tenacidad para alcanzarlo.
Con respecto al tema histórico y cultural, Ignacio Estrada nos menciona que en 1881, cercano a la Hacienda del Tequesquite, se encontró un cementerio antiguo de gran magnitud ya que descubrieron cuarenta cadáveres de guerreros en diversas posiciones y cada guerrero portaba en la espalda sus respectivas armas de obsidiana. Cabe hacer de esto la deducción de que en dicho lugar existía un poblado de tamaño no despreciable y que ya desde hace varios siglos, nuestra región era importante tanto para los reinos antecesores a los purhépechas como para ellos mismos y también para los españoles.Nuestro personaje también nos relata de las enfermedades sufridas por nuestro pueblo, sobre todo el Cólera Asiático, que en 1833 asoló la población ya que carecíamos de reglas higiénicas y no teníamos el poderoso auxilio de la ciencia médica. La población fue diezmada y ocurrieron hechos lamentables a causa del pánico de las familias ya que por temor a contagiarse, llegaron a sepultar vivos a sus parientes creyendo que ya estaban muertos. Posteriormente, en 1850, volvió a invadir al pueblo otra enfermedad, el Cólera Morbo, pero ya la población estaba prevenida y todos se organizaron para establecer una botica y entregar gratuitamente las medicinas y además, hubo dos facultativos, uno pagado por el Gobierno del Estado y el otro, por los mismos vecinos y fue entonces que la enfermedad no causó los mismos estragos que diecisiete años antes.Desde el punto de vista económico, Yurécuaro siempre ha contado con grandes ventajas estratégicas. Hace cientos de años, los primeros pobladores se asentaron aquí para aprovechar la gran cantidad de agua y alimentos que les brindaban el Río Grande y las innumerables lagunas y manantiales de la región. Posteriormente, con el trazado de la vía del ferrocarril, nuestra ciudad fue por mucho tiempo, un punto vital para el traslado de mercancías y un medio de comunicación para miles de personas que llegaban desde Los Altos de Jalisco y desde el centro de Michoacán, para trasladarse a las grandes ciudades como Guadalajara, México, Irapuato y muchas más y que de no existir el ferrocarril, no hubieran podido comunicarse tan fácilmente. En la actualidad, el inmejorable clima, la infinidad de medios de comunicación y la cercanía de los centros de consumo, hacen de nuestra región un poderoso centro de suministro de gran variedad de alimentos agropecuarios y sobre todo; esta región, puede surtir a las grandes ciudades de muchos productos que aun no se están cultivando y que en un futuro cercano, se tendrán que aprovechar. Vemos entonces que el progreso la abre las puertas a aquellos empresarios visionarios que arriesguen su patrimonio con la certeza de que esta tierra pródiga les devolverá a ciento por uno lo que siembren e inviertan.Para apoyar lo anterior, Ignacio Estrada menciona en su obra que Yurécuaro siempre ha sido muy industrioso ya que desde sus orígenes han existido “aprovechamientos” y cultivos y también fábricas y manufacturas diversas que le han dado prestigio. Se han tenido diferentes manufacturas de muebles de madera y tule o carrizo, petates, canastos, jaulas para pájaros. Materiales de construcción y loza cocida. Talleres de ropa desde el año de 1635 donde se fabricaban manta, rebozos y zarapes. Cuenta que en 1850 había una fábrica de sillas de madera de sabino con asientos de tule y dibujos marcados con oro que se mandaban a ciudades lejanas y tenían una gran aceptación. En 1855 había cinco fábricas de naipes cuyos respectivos dueños llevaban por apellidos: Esqueda, Zepeda, Reyes, Segura y Bravo. Eran naipes muy estimados por los compradores de las grandes ciudades.También Ignacio Estrada nos habla de las obras realizadas desde hace muchos años, por ejemplo, la introducción del agua en 1853. También nos menciona que en 1861, siendo presidente municipal Francisco Villanueva, se hizo la primera parte de la Calzada que une a Yurécuaro con Tanhuato; esta primera parte era de 234 metros que aproximadamente es la distancia de las vías del tren a donde está la fuente actual. Ahora bien, la segunda parte y que es la más extensa, se hizo con la promoción de Marcelino Hernández, según nos lo ha relatado recientemente su nieta Cintia Ramírez Hernández, Jefa de Catastro en Yurécuaro. Por otro lado, también se menciona que en 1919, siendo presidente municipal Ignacio Estrada, se iniciaron los trabajos para construir el portal interior de la presidencia municipal y fueron terminados en 1922, siendo presidente Eleno Curiel.La obra escrita por el Sr. Estrada Navarro en 1942, nos ilustra de muchas cosas más sobre nuestra pasado. Los invito a consultarla más ampliamente en su formato original ya que por motivos de espacio, no es posible transcribirla en esta columna.Nuestro personaje de hoy, se despidió de nosotros de esta manera: “El peso de los años me está precipitando cada día con más celeridad por la rápida pendiente que conduce a la tumba” y por eso, “me he sentido impulsado a editar esta Memoria Estadística de mi Inolvidable y querida tierra natal”.Él creía firmemente en la capacidad de los yurecuarenses para sobreponerse a todos los obstáculos, trabajando para alcanzar grandes alturas, no debemos defraudarlo ni tampoco debemos permitir que se borre su memoria.Gracias por acompañarme nuevamente.
José Luis García Salazar
El entorno político de México 1900-1910.Durante la época en que estuvo Ignacio Estrada al frente del gobierno municipal, sucedieron muchos acontecimientos que afectaron la vida en Yurécuaro y sin embargo, y afortunadamente, no hubo hechos sangrientos que lamentar y nuestro pueblo vivió pacíficamente. Recordemos que por esos años en el País, se vivían situaciones que orillaron a la lucha revolucionaria, impulsada primordialmente, por los partidos anti-reeleccionistas. Como antecedentes de éstos, recordemos que desde 1900 habían surgido los llamados “Clubes Liberales” y tres años después organizaron muchas protestas contra la reelección de Porfirio Diaz y él les respondió con cárcel y muerte a los inconformes. Aun se recuerda el lema que apareció en el periódico El Hijo del Ahuizote: “La Constitución ha muerto”. Por esos años, fue muy comentada la lucha de los hermanos Flores Magón contra el gobierno porfirista y a causa de ella, tuvieron que exiliarse en los Estados Unidos. En 1906, se da la huelga de Cananea en Sonora donde los luchadores sociales fueron reprimidos con un saldo de decenas de muertos. También se dieron otras rebeliones populares en Acayucan, Minatitlán, Río Blanco y Veracruz. Para 1908, comenzó a circular el libro de Francisco I. Madero, La Sucesión Presidencial que atizó más los ánimos en el territorio nacional. Hubo también movimientos en Chihuahua con Abraham González, en Morelos con Emiliano Zapata, en Puebla con Los Hermanos Serdán y en Michoacán y Jalisco con Salvador Escalante y Ramón Romero. Ahora bien, para 1909 existía el Partido Reeleccionista de los llamados “Científicos”, una camarilla que apoyaba la nueva reelección de Diaz y que laboraban en cargos públicos y se sentían como los dueños de la Nación. Aunque en 1908, Diaz había dicho al periodista estadounidense James Creelman, que no se volvería a postular, sus correligionarios lo postularon para las elecciones de 1910 lo cual fue el detonante para iniciar la Revolución Mexicana en dicho año.Ahora bien, como ya lo mencioné anteriormente, aunque en todo el Territorio nacional, había gran efervescencia política, en nuestro pueblo solamente se presentó una lucha “relativamente pacífica” y más civilizada. Aquí se tenían representaciones políticas de ambos partidos, el Partido Reeleccionista que apoyaba a Diaz y el Partido Anti- Reeleccionista que apoyaba la lucha de Madero; en ambos partidos, como ocurre en la actualidad, habían miembros de una misma familia que eran opositores políticos; lo cual ayudó grandemente ya que la forma de pensar fue respetada y no se tuvieron que tomar las armas. Ahora bien, años después que inició la revuelta armada, varios yurecuarenses se sumaron a distintas facciones tanto maderistas como villistas o carrancistas. En este ambiente social fue donde florecieron las artes conciliatorias de Ignacio Estrada y lo llevaron a ser uno de los baluartes de Yurécuaro en esa época.
Ignacio Estrada como historiador. Él nos ha narrado varios hechos que son fundamentales para conocer un poco sobre la vida de nuestros antepasados. En ellos me he basado para escribir algunas de mis anteriores columnas como: Perfecto Gallego, el yurecuarense que murió en las mazmorras de la Inquisición en 1801, Nicolás Tamayo y Marcelino Lorenzo, los amigos que murieron juntos por el juramento que se habían hecho en 1816 y Andrés Ventura, héroe de tiempos de la guerra de Independencia. A la obra que escribió en 1942 la calificó como “un rasgo de estadística bien definido de nuestro pueblo”. A su vez, él decía que la Estadística “trata del número de habitantes, de la riqueza pública, de los productos nacionales. De la industria y del grado de adelanto de una nación, estado distrito o municipio”.
Por mi parte, puedo agregar, de acuerdo al diccionario Larousse, que la Estadística es “la ciencia que se ocupa de la reunión de todos los hechos que se pueden valorar numéricamente para hacer comparaciones entre las cifras y sacar conclusiones aplicando la teoría de las probabilidades”. También podemos decir, de acuerdo a otros autores como J. Boot, que la “Estadística es el conjunto de teoría y metodología empleadas para usar y analizar evidencia numérica y seleccionar una decisión o acción entre varias alternativas disponibles, cuando no se conocen todos los hechos relevantes”. Con todo esto en mente, vemos que nuestro personaje intuía desde hace muchos años, que tenemos asegurado por delante, el premio del desarrollo económico, siempre y cuando, nos preparemos y trabajemos con tenacidad para alcanzarlo.
Con respecto al tema histórico y cultural, Ignacio Estrada nos menciona que en 1881, cercano a la Hacienda del Tequesquite, se encontró un cementerio antiguo de gran magnitud ya que descubrieron cuarenta cadáveres de guerreros en diversas posiciones y cada guerrero portaba en la espalda sus respectivas armas de obsidiana. Cabe hacer de esto la deducción de que en dicho lugar existía un poblado de tamaño no despreciable y que ya desde hace varios siglos, nuestra región era importante tanto para los reinos antecesores a los purhépechas como para ellos mismos y también para los españoles.Nuestro personaje también nos relata de las enfermedades sufridas por nuestro pueblo, sobre todo el Cólera Asiático, que en 1833 asoló la población ya que carecíamos de reglas higiénicas y no teníamos el poderoso auxilio de la ciencia médica. La población fue diezmada y ocurrieron hechos lamentables a causa del pánico de las familias ya que por temor a contagiarse, llegaron a sepultar vivos a sus parientes creyendo que ya estaban muertos. Posteriormente, en 1850, volvió a invadir al pueblo otra enfermedad, el Cólera Morbo, pero ya la población estaba prevenida y todos se organizaron para establecer una botica y entregar gratuitamente las medicinas y además, hubo dos facultativos, uno pagado por el Gobierno del Estado y el otro, por los mismos vecinos y fue entonces que la enfermedad no causó los mismos estragos que diecisiete años antes.Desde el punto de vista económico, Yurécuaro siempre ha contado con grandes ventajas estratégicas. Hace cientos de años, los primeros pobladores se asentaron aquí para aprovechar la gran cantidad de agua y alimentos que les brindaban el Río Grande y las innumerables lagunas y manantiales de la región. Posteriormente, con el trazado de la vía del ferrocarril, nuestra ciudad fue por mucho tiempo, un punto vital para el traslado de mercancías y un medio de comunicación para miles de personas que llegaban desde Los Altos de Jalisco y desde el centro de Michoacán, para trasladarse a las grandes ciudades como Guadalajara, México, Irapuato y muchas más y que de no existir el ferrocarril, no hubieran podido comunicarse tan fácilmente. En la actualidad, el inmejorable clima, la infinidad de medios de comunicación y la cercanía de los centros de consumo, hacen de nuestra región un poderoso centro de suministro de gran variedad de alimentos agropecuarios y sobre todo; esta región, puede surtir a las grandes ciudades de muchos productos que aun no se están cultivando y que en un futuro cercano, se tendrán que aprovechar. Vemos entonces que el progreso la abre las puertas a aquellos empresarios visionarios que arriesguen su patrimonio con la certeza de que esta tierra pródiga les devolverá a ciento por uno lo que siembren e inviertan.Para apoyar lo anterior, Ignacio Estrada menciona en su obra que Yurécuaro siempre ha sido muy industrioso ya que desde sus orígenes han existido “aprovechamientos” y cultivos y también fábricas y manufacturas diversas que le han dado prestigio. Se han tenido diferentes manufacturas de muebles de madera y tule o carrizo, petates, canastos, jaulas para pájaros. Materiales de construcción y loza cocida. Talleres de ropa desde el año de 1635 donde se fabricaban manta, rebozos y zarapes. Cuenta que en 1850 había una fábrica de sillas de madera de sabino con asientos de tule y dibujos marcados con oro que se mandaban a ciudades lejanas y tenían una gran aceptación. En 1855 había cinco fábricas de naipes cuyos respectivos dueños llevaban por apellidos: Esqueda, Zepeda, Reyes, Segura y Bravo. Eran naipes muy estimados por los compradores de las grandes ciudades.También Ignacio Estrada nos habla de las obras realizadas desde hace muchos años, por ejemplo, la introducción del agua en 1853. También nos menciona que en 1861, siendo presidente municipal Francisco Villanueva, se hizo la primera parte de la Calzada que une a Yurécuaro con Tanhuato; esta primera parte era de 234 metros que aproximadamente es la distancia de las vías del tren a donde está la fuente actual. Ahora bien, la segunda parte y que es la más extensa, se hizo con la promoción de Marcelino Hernández, según nos lo ha relatado recientemente su nieta Cintia Ramírez Hernández, Jefa de Catastro en Yurécuaro. Por otro lado, también se menciona que en 1919, siendo presidente municipal Ignacio Estrada, se iniciaron los trabajos para construir el portal interior de la presidencia municipal y fueron terminados en 1922, siendo presidente Eleno Curiel.La obra escrita por el Sr. Estrada Navarro en 1942, nos ilustra de muchas cosas más sobre nuestra pasado. Los invito a consultarla más ampliamente en su formato original ya que por motivos de espacio, no es posible transcribirla en esta columna.Nuestro personaje de hoy, se despidió de nosotros de esta manera: “El peso de los años me está precipitando cada día con más celeridad por la rápida pendiente que conduce a la tumba” y por eso, “me he sentido impulsado a editar esta Memoria Estadística de mi Inolvidable y querida tierra natal”.Él creía firmemente en la capacidad de los yurecuarenses para sobreponerse a todos los obstáculos, trabajando para alcanzar grandes alturas, no debemos defraudarlo ni tampoco debemos permitir que se borre su memoria.Gracias por acompañarme nuevamente.
José Luis García Salazar
LOS CUATRO AMIGOS
Después que terminó la 2ª Guerra Mundial en 1945, continuaron frecuentándose los cuatro amigos cuyas pláticas leímos en artículos pasados. Eran Jeremías “el Faifitas”, Filemón “el Bolchevique”, Agapito “el Sinarquista” y Herculano “el Medallas”. En cierta ocasión, estaban con don Toño en su tienda quien le estaba presumiendo a un pariente que había venido a visitarlo: “En este pueblo, ay donde lo ves de fregao, hasta el más pendejo sabe latín”. Y como para apoyarlo, Herculano agregó: “Yo que he andado viajando por muchos lados, conozco un pueblo que de veras está bien jodido, con decirles que ni siquiera tienen eco y el sol ni la sombra le presta”. Filemón le propuso a don Toño: “Yo creo que para que su pariente constate que no somos un pueblo cualquiera, hay que llevarlo a que vea uno de los lugares más bonitos que tenemos”. “Vamos haciendo un caldo michi en Las Chorreras”. Enseguida y como aun era muy temprano, todos aceptaron la propuesta y se repartieron los quehaceres: conseguir olla, platos, cucharas y carretilla para cargarlos; comprar tortillas y verduras; cooperarse para la botella de tequila San Matías, además de llevar la baraja y anzuelos para pescar.
Las Chorreras.Para algunos lectores que no conocen o no se acuerdan de este paradisíaco lugar, quiero hacer una breve semblanza. Era una pesquería con canales de piedra que cercaban a los peces que nadaban en la corriente del río y los conducían a unas trampas de carrizo donde los pescadores los atrapaban fácilmente. En el lecho del Río Lerma, se hicieron varios de estos callejones por los que pasaba el caudal del río, después de estar en el remanso. El historiador yurecuarense Ignacio Estrada Navarro, nos dice que el 10 de noviembre de 1689, la Audiencia de la Nueva Galicia hizo la concesión de ese lugar a Francisco Martín y Matías Bravo y les dio los títulos respectivos. Ahora bien, no está claro si fue en esa fecha que se construyeron Las Chorreras, porque se cree que la pesquería ya tenía siglos de existencia por lo que la fecha señalada, sería la de su reconstrucción y la que señala la vigencia de los derechos otorgados. En la actualidad, quedan solo vestigios de este monumento. Hace unos años, veíamos con tristeza como entraban los ca.. miones a llevarse las piedras para ser usadas en la construcción de viviendas. En la actualidad, y preferentemente en tiempo de aguas, se puede apreciar una bella vista de Las Chorreras desde “La Casa Luna” o desde el fraccionamiento “Los Sabinos” de Jorge Núñez.
Quiero aprovechar este espacio para relatar algo que viví en 1964. Eran los inicios del tiempo de aguas y nos juntamos cuatro amigos: Enrique González, Jorge Chavolla (q.e.p.d.), Fernando Valdéz y yo. Como vimos que el río traía buen caudal porque había caído una buena tormenta allá por La Piedad, decidimos imitar las aventuras de Tom Sawyer y Huckleberry Finn en el Río Mississipi. Hicimos una “panga” con dos cámaras de llanta de tractor que amarramos fuertemente y le colocamos encima unas tablas. Subimos a la embarcación una bomba de aire ya que debido a la gran cantidad de ramas con espinas que arrastraba el río, previmos, como realmente ocurrió, que las cámaras iban a tener fugas. Iniciamos el viaje un poco abajo de la Presa Derivadora de El Mezquite, cerca del remanso de Siquindo. Recorrimos el “Cañón de Yurécuaro”, (se puede apreciar mejor desde un punto, a la altura de la Comunidad de El Cerro Blanco), pasamos varios “rápidos” que aunque no voltearon la panga, si nos obligaron a capotear grandes troncos atorados en las piedras. Después de varias infladas a las llantas, llegamos al remanso de Las Chorreras un poco cansados pero contentos de haber terminado “la travesía”. Allí encontramos a otros cuatro amigos: Jesús Becerra (q.e.p d.), Nito Valadez, Jorge Ochoa y Luis Pérez que estaban en la faena de acabar con un litro de charanda Uruapan. Tuvimos que ayudarlos y aunque sufrimos porque la botana era solo de jitomates, a medio madurar, que se habían carranceado de un sembradío cercano y dicha botana la rociábamos con salsa “el Torito”.
¡Vámonos a Las Chorreas! Fue el grito de guerra que lanzó Jeremías y todos agarraron camino por la Calle Real (Nacional); en La Huerta Seca, compraron unas naranjas sin semilla y continuaron caminando para después doblar a la izquierda hacia el río. Se instalaron bajo un gran sabino y mientras unos picaban las verduras, otros acarrearon agua en la olla y otros traían leña y prepararon el fogón. Después se fueron al remanso y todos alistaron su anzuelo. Como el pariente de don Toño no lo llevaba, rápidamente le prepararon uno con un carrizo y le pusieron de “testigo” un pedazo de lirio y de plomada le amarraron una pequeña piedra. Se pusieron a pescar, al mismo tiempo que circulaban entre todos el tequila San Matías. Sin embargo, vieron que pasaba el tiempo y no sacaban ningún pescado. Alguien hizo caer en la cuenta que con el jaripeo que traían y con las canciones que ya habían (des)entonado, los peces no iban a picar. Determinaron ir a los corrales a comprarle al encargado, un bagre y varias carpas ya que las verduras casi estaban cocidas.Mientras se terminaba de sazonar el caldo michi, siguieron pasando la botella. Entonces Filemón dijo:- ¿Eres briago Agapito? Y éste le contestó:- A mi me gusta darle una jalada al tequila para que se me voltién los ojos al revés pa' poder verme bien el cerebro. Alguien dijo:- ¡Oye Herculano, termina de platicar lo que oíste anoche en el velorio de Eleuterio Villalpando! Y el aludido contestó:- Estaban repasando todos los dichos que acostumbraba Eleuterio. Yo me puse vivo y apunté unos cuantos y orita se los voy soltando: El primero que mentaron y que yo también le había oído, era que cuando le preguntaban ¿y cuántos años tienes Eleuterio? Él contestaba, “ando acabalando los trescientos, ya nada más me faltan doscientos veinticinco. Lo que pasa es que me estoy aguantando las ganas de morirme porque soy de la gente de antes, que era buena pa' vivir”. Otro que escribí y que siempre decía: “Las mentadas de madre solo valen la pena si alguien las está escuchando”; yo creo que este dicho tiene mucha filosofía. También decía, cuando iban a invitar a sus hijas a alguna fiesta: “Yo no presto a mis muchachas pa' los bailes, porque me las devuelven muy sudadas”. El último que apunté fue este que repetía el Eleuterio cuando se armaban los fregadazos en alguna fiesta: “Como decía mi tía la analfabeta, ¡aquí murió Sansón con todos los sifilíticos!”Volvió a hablar Filemón:- Yo creo que en los velorios es donde podemos realmente pensar en cosas profundas y filosóficas. Entonces fue interrumpido por Jeremías quien dijo:- Hablando de cosas profundas, este remanso de Las Chorreras, dicen que es el más hondo. Aunque también es profunda la Alberca de Monteleón. Herculano le reclamó:- Deja que termine de dar su idea sobre lo que significa la filosofía. Después de esto, Filemón siguió hablando:- Hace como tres semanas, en el velorio de doña Filomena Mandujano, su hermano Prudencio dijo algo que me puso a pensar: “El que siempre esté pensando y temiendo del día en que ha de morir, muere varias veces. Por otro lado, el que entiende que la muerte es parte de la vida y la espera con paciencia, vive pleno, mientras está sobre la tierra”. Entonces don Toño dijo:- Ese Prudencio tiene razón, no hay que tener miedo a morir porque al fin y al cabo, a todos nos va a tocar.- Mientras nos toca, yo creo que ya hay que entrarle al caldo, dijo Jeremías.Fue entonces, que como buenos anfitriones, le sirvieron primero al pariente de don Toño. Al darle el caldo, le rociaron una buena porción de tequila dentro del plato y aunque el pariente se extrañó, empezó a saborearlo y decía:- ¡Qué bueno sabe! Y también los felicito por tener este lugar tan bonito. ¡Verdad de Dios! Son pocos los pueblos que están bendecidos con un Paraíso como el que tienen ustedes.- Ahora sí, ¡Abróchense el barbiquejo, agárrense de las crines y éntrenle al caldo michi! Dijo don Toño.Todos comiendo y moqueando, se terminaron dos y hasta tres platos. Sin embargo, de repente Agapito empezó a toser fuertemente porque se le atoró una espina de carpa, pero inmediatamente, Filemón le entregó un plátano que al tragarlo, le limpió la garganta. Después de la comida se pusieron a jugar conquián y otros, mientras esperaban turno, siguieron platicando acerca de la filosofía y la forma de pensar de la gente en la antigüedad. Dijo don Toño:- Los griegos son los que dieron origen a la filosofía, que significa “Amor a la verdad y al conocimiento”; se la heredaron a los romanos y después a todos los europeos que la trajeron a nuestras tierras. Grecia y Roma son el padre y la madre de la civilización occidental.Filemón agregó:- Sin embargo, las culturas prehispánicas de México ya tenía su propia filosofía y de muestra tenemos muchos códices de los toltecas, mayas, zapotecas y varios pueblos más. También hay distintas formas de filosofía en otras naciones diferentes a las de los griegos y los romanos. Están los egipcios, babilonios y también de otros lugares más lejanos como la India y China. Se me grabó mucho un relato que contó la Maestra Josefina López Vega en una clausura de cursos; hablaba sobre la forma de pensar y más o menos va así: “Un monje en el Tibet, iba a cruzar un río y vio a un alacrán que se estaba ahogando. Como todo buen monje, se compadeció de él y lo rescató; pero casi inmediatamente, el alacrán le clavó el aguijón. Reaccionó el monje y tiró el alacrán al río donde el animal, casi se ahoga. El monje comprendió que había hecho mal al tirarlo al río y levantó nuevamente al alacrán, el cual, volvió a clavarle el aguijón”. “El monje entendió que el alacrán no tenía “nada contra él” ya que esa es su naturaleza, y la de él era ser compasivo”. La Maestra Josefina, terminó su relato diciendo: “Invito a todos a que demuestren su naturaleza humana que es la de ser compasivos y solidarios con los demás y si por casualidad, alguno de ellos posee una naturaleza como la del alacrán, tomen sus precauciones y ayúdenlos”. - Yo creo que en todas partes hay filosofía y solamente tenemos que saber escuchar a la demás gente para hacernos sabios porque “Sabio es aquel que tiene boca chica, ojos medianos y orejas muy grandes”. Dijo Herculano. - Hablando de dichos: “Hay que cuidar el cirio porque la procesión es larga”; no le den tan duro a la botella que ya casi se acabó. Dijo Agapito.- Pues aquí están mis tres pesos pa' traer más “combustible”, agregó don Toño y el que pierda los albures va a tener que ir a traerlo en una carrera.Todos dieron su cooperación y al jugar los albures, le tocó ir al pariente de don Toño quien dijo:- Yo prefiero cooperar para otra de San Matías, siempre y cuando vaya otro a comprarla porque cuando veníamos para acá, vi la cantidad de perros que nos salieron al camino y no vaya a ser que alguien me los cuchilié y me rompan los pantalones a la altura de las nalgas.Entonces Agapito, muy valiente, se ofreció para ir al pueblo y dijo: - Mi madre me hizo muy valiente porque antes de parirme se la pasaba viendo la imagen de San Miguel, esa que todos conocemos donde tiene arrejolado al chamuco.- Además, para espantar a los perros, buenos son los credos, siempre y cuando les avientes unas pedradas. Al cabo que ni manco ni maneado estás, le dijo Filemón.Así, mientras regresaba Agapito, siguieron filosofando y contando las últimas noticias ocurridas en la población. Don Toño preguntó:- ¿Alguien sabe quien armó ayer la novedad en el pueblo? ¿Otra vez Atenógenes fabricó un difunto o a Justino lo cazuelió su mujer?- Lo que sucede es que Baldomero González quiso llevarle gallo a su novia y como Panchillo ya estaba ocupado, contrató a unos que traían una guitarra que lloraba muy feo, porque así eran los rasguños que le pegaban, le contestó Filemón.Cuando Agapito regresó, siguieron en el convivio y no se quisieron regresar hasta enseñarle al pariente de don Toño, la salida de la luna que allí se aprecia de manera majestuosa. Alguien le recordó a Herculano que no había cumplido la promesa de platicarles sobre “Las Profesías de la Madre Matiana” y él simplemente les pidió que tuvieran paciencia y en la siguiente ocasión que estuvieran juntos se las iba a platicar.Tomaron camino de regreso, nuevamente por la Calle Real, y al llegar a la Plaza Principal, Jeremías gritó: Como dijo Chenguas, ¡Ando cayéndome, pero no de hambre, verdad de Dios!
Amables lectores, prosigamos filosofando y hagamos unas últimas reflexiones: ¿Cómo le haremos para devolverle a Las Chorreras su antiguo esplendor? ¿Cómo iremos reponiendo las piedras y la antigua forma de esos monumentos? Hagamos algo para volver a tener y disfrutar ese pedazo de paraíso que aun se puede recuperar.Gracias.
José Luis García Salazarwww.productividadorganizacional.com
Las Chorreras.Para algunos lectores que no conocen o no se acuerdan de este paradisíaco lugar, quiero hacer una breve semblanza. Era una pesquería con canales de piedra que cercaban a los peces que nadaban en la corriente del río y los conducían a unas trampas de carrizo donde los pescadores los atrapaban fácilmente. En el lecho del Río Lerma, se hicieron varios de estos callejones por los que pasaba el caudal del río, después de estar en el remanso. El historiador yurecuarense Ignacio Estrada Navarro, nos dice que el 10 de noviembre de 1689, la Audiencia de la Nueva Galicia hizo la concesión de ese lugar a Francisco Martín y Matías Bravo y les dio los títulos respectivos. Ahora bien, no está claro si fue en esa fecha que se construyeron Las Chorreras, porque se cree que la pesquería ya tenía siglos de existencia por lo que la fecha señalada, sería la de su reconstrucción y la que señala la vigencia de los derechos otorgados. En la actualidad, quedan solo vestigios de este monumento. Hace unos años, veíamos con tristeza como entraban los ca.. miones a llevarse las piedras para ser usadas en la construcción de viviendas. En la actualidad, y preferentemente en tiempo de aguas, se puede apreciar una bella vista de Las Chorreras desde “La Casa Luna” o desde el fraccionamiento “Los Sabinos” de Jorge Núñez.
Quiero aprovechar este espacio para relatar algo que viví en 1964. Eran los inicios del tiempo de aguas y nos juntamos cuatro amigos: Enrique González, Jorge Chavolla (q.e.p.d.), Fernando Valdéz y yo. Como vimos que el río traía buen caudal porque había caído una buena tormenta allá por La Piedad, decidimos imitar las aventuras de Tom Sawyer y Huckleberry Finn en el Río Mississipi. Hicimos una “panga” con dos cámaras de llanta de tractor que amarramos fuertemente y le colocamos encima unas tablas. Subimos a la embarcación una bomba de aire ya que debido a la gran cantidad de ramas con espinas que arrastraba el río, previmos, como realmente ocurrió, que las cámaras iban a tener fugas. Iniciamos el viaje un poco abajo de la Presa Derivadora de El Mezquite, cerca del remanso de Siquindo. Recorrimos el “Cañón de Yurécuaro”, (se puede apreciar mejor desde un punto, a la altura de la Comunidad de El Cerro Blanco), pasamos varios “rápidos” que aunque no voltearon la panga, si nos obligaron a capotear grandes troncos atorados en las piedras. Después de varias infladas a las llantas, llegamos al remanso de Las Chorreras un poco cansados pero contentos de haber terminado “la travesía”. Allí encontramos a otros cuatro amigos: Jesús Becerra (q.e.p d.), Nito Valadez, Jorge Ochoa y Luis Pérez que estaban en la faena de acabar con un litro de charanda Uruapan. Tuvimos que ayudarlos y aunque sufrimos porque la botana era solo de jitomates, a medio madurar, que se habían carranceado de un sembradío cercano y dicha botana la rociábamos con salsa “el Torito”.
¡Vámonos a Las Chorreas! Fue el grito de guerra que lanzó Jeremías y todos agarraron camino por la Calle Real (Nacional); en La Huerta Seca, compraron unas naranjas sin semilla y continuaron caminando para después doblar a la izquierda hacia el río. Se instalaron bajo un gran sabino y mientras unos picaban las verduras, otros acarrearon agua en la olla y otros traían leña y prepararon el fogón. Después se fueron al remanso y todos alistaron su anzuelo. Como el pariente de don Toño no lo llevaba, rápidamente le prepararon uno con un carrizo y le pusieron de “testigo” un pedazo de lirio y de plomada le amarraron una pequeña piedra. Se pusieron a pescar, al mismo tiempo que circulaban entre todos el tequila San Matías. Sin embargo, vieron que pasaba el tiempo y no sacaban ningún pescado. Alguien hizo caer en la cuenta que con el jaripeo que traían y con las canciones que ya habían (des)entonado, los peces no iban a picar. Determinaron ir a los corrales a comprarle al encargado, un bagre y varias carpas ya que las verduras casi estaban cocidas.Mientras se terminaba de sazonar el caldo michi, siguieron pasando la botella. Entonces Filemón dijo:- ¿Eres briago Agapito? Y éste le contestó:- A mi me gusta darle una jalada al tequila para que se me voltién los ojos al revés pa' poder verme bien el cerebro. Alguien dijo:- ¡Oye Herculano, termina de platicar lo que oíste anoche en el velorio de Eleuterio Villalpando! Y el aludido contestó:- Estaban repasando todos los dichos que acostumbraba Eleuterio. Yo me puse vivo y apunté unos cuantos y orita se los voy soltando: El primero que mentaron y que yo también le había oído, era que cuando le preguntaban ¿y cuántos años tienes Eleuterio? Él contestaba, “ando acabalando los trescientos, ya nada más me faltan doscientos veinticinco. Lo que pasa es que me estoy aguantando las ganas de morirme porque soy de la gente de antes, que era buena pa' vivir”. Otro que escribí y que siempre decía: “Las mentadas de madre solo valen la pena si alguien las está escuchando”; yo creo que este dicho tiene mucha filosofía. También decía, cuando iban a invitar a sus hijas a alguna fiesta: “Yo no presto a mis muchachas pa' los bailes, porque me las devuelven muy sudadas”. El último que apunté fue este que repetía el Eleuterio cuando se armaban los fregadazos en alguna fiesta: “Como decía mi tía la analfabeta, ¡aquí murió Sansón con todos los sifilíticos!”Volvió a hablar Filemón:- Yo creo que en los velorios es donde podemos realmente pensar en cosas profundas y filosóficas. Entonces fue interrumpido por Jeremías quien dijo:- Hablando de cosas profundas, este remanso de Las Chorreras, dicen que es el más hondo. Aunque también es profunda la Alberca de Monteleón. Herculano le reclamó:- Deja que termine de dar su idea sobre lo que significa la filosofía. Después de esto, Filemón siguió hablando:- Hace como tres semanas, en el velorio de doña Filomena Mandujano, su hermano Prudencio dijo algo que me puso a pensar: “El que siempre esté pensando y temiendo del día en que ha de morir, muere varias veces. Por otro lado, el que entiende que la muerte es parte de la vida y la espera con paciencia, vive pleno, mientras está sobre la tierra”. Entonces don Toño dijo:- Ese Prudencio tiene razón, no hay que tener miedo a morir porque al fin y al cabo, a todos nos va a tocar.- Mientras nos toca, yo creo que ya hay que entrarle al caldo, dijo Jeremías.Fue entonces, que como buenos anfitriones, le sirvieron primero al pariente de don Toño. Al darle el caldo, le rociaron una buena porción de tequila dentro del plato y aunque el pariente se extrañó, empezó a saborearlo y decía:- ¡Qué bueno sabe! Y también los felicito por tener este lugar tan bonito. ¡Verdad de Dios! Son pocos los pueblos que están bendecidos con un Paraíso como el que tienen ustedes.- Ahora sí, ¡Abróchense el barbiquejo, agárrense de las crines y éntrenle al caldo michi! Dijo don Toño.Todos comiendo y moqueando, se terminaron dos y hasta tres platos. Sin embargo, de repente Agapito empezó a toser fuertemente porque se le atoró una espina de carpa, pero inmediatamente, Filemón le entregó un plátano que al tragarlo, le limpió la garganta. Después de la comida se pusieron a jugar conquián y otros, mientras esperaban turno, siguieron platicando acerca de la filosofía y la forma de pensar de la gente en la antigüedad. Dijo don Toño:- Los griegos son los que dieron origen a la filosofía, que significa “Amor a la verdad y al conocimiento”; se la heredaron a los romanos y después a todos los europeos que la trajeron a nuestras tierras. Grecia y Roma son el padre y la madre de la civilización occidental.Filemón agregó:- Sin embargo, las culturas prehispánicas de México ya tenía su propia filosofía y de muestra tenemos muchos códices de los toltecas, mayas, zapotecas y varios pueblos más. También hay distintas formas de filosofía en otras naciones diferentes a las de los griegos y los romanos. Están los egipcios, babilonios y también de otros lugares más lejanos como la India y China. Se me grabó mucho un relato que contó la Maestra Josefina López Vega en una clausura de cursos; hablaba sobre la forma de pensar y más o menos va así: “Un monje en el Tibet, iba a cruzar un río y vio a un alacrán que se estaba ahogando. Como todo buen monje, se compadeció de él y lo rescató; pero casi inmediatamente, el alacrán le clavó el aguijón. Reaccionó el monje y tiró el alacrán al río donde el animal, casi se ahoga. El monje comprendió que había hecho mal al tirarlo al río y levantó nuevamente al alacrán, el cual, volvió a clavarle el aguijón”. “El monje entendió que el alacrán no tenía “nada contra él” ya que esa es su naturaleza, y la de él era ser compasivo”. La Maestra Josefina, terminó su relato diciendo: “Invito a todos a que demuestren su naturaleza humana que es la de ser compasivos y solidarios con los demás y si por casualidad, alguno de ellos posee una naturaleza como la del alacrán, tomen sus precauciones y ayúdenlos”. - Yo creo que en todas partes hay filosofía y solamente tenemos que saber escuchar a la demás gente para hacernos sabios porque “Sabio es aquel que tiene boca chica, ojos medianos y orejas muy grandes”. Dijo Herculano. - Hablando de dichos: “Hay que cuidar el cirio porque la procesión es larga”; no le den tan duro a la botella que ya casi se acabó. Dijo Agapito.- Pues aquí están mis tres pesos pa' traer más “combustible”, agregó don Toño y el que pierda los albures va a tener que ir a traerlo en una carrera.Todos dieron su cooperación y al jugar los albures, le tocó ir al pariente de don Toño quien dijo:- Yo prefiero cooperar para otra de San Matías, siempre y cuando vaya otro a comprarla porque cuando veníamos para acá, vi la cantidad de perros que nos salieron al camino y no vaya a ser que alguien me los cuchilié y me rompan los pantalones a la altura de las nalgas.Entonces Agapito, muy valiente, se ofreció para ir al pueblo y dijo: - Mi madre me hizo muy valiente porque antes de parirme se la pasaba viendo la imagen de San Miguel, esa que todos conocemos donde tiene arrejolado al chamuco.- Además, para espantar a los perros, buenos son los credos, siempre y cuando les avientes unas pedradas. Al cabo que ni manco ni maneado estás, le dijo Filemón.Así, mientras regresaba Agapito, siguieron filosofando y contando las últimas noticias ocurridas en la población. Don Toño preguntó:- ¿Alguien sabe quien armó ayer la novedad en el pueblo? ¿Otra vez Atenógenes fabricó un difunto o a Justino lo cazuelió su mujer?- Lo que sucede es que Baldomero González quiso llevarle gallo a su novia y como Panchillo ya estaba ocupado, contrató a unos que traían una guitarra que lloraba muy feo, porque así eran los rasguños que le pegaban, le contestó Filemón.Cuando Agapito regresó, siguieron en el convivio y no se quisieron regresar hasta enseñarle al pariente de don Toño, la salida de la luna que allí se aprecia de manera majestuosa. Alguien le recordó a Herculano que no había cumplido la promesa de platicarles sobre “Las Profesías de la Madre Matiana” y él simplemente les pidió que tuvieran paciencia y en la siguiente ocasión que estuvieran juntos se las iba a platicar.Tomaron camino de regreso, nuevamente por la Calle Real, y al llegar a la Plaza Principal, Jeremías gritó: Como dijo Chenguas, ¡Ando cayéndome, pero no de hambre, verdad de Dios!
Amables lectores, prosigamos filosofando y hagamos unas últimas reflexiones: ¿Cómo le haremos para devolverle a Las Chorreras su antiguo esplendor? ¿Cómo iremos reponiendo las piedras y la antigua forma de esos monumentos? Hagamos algo para volver a tener y disfrutar ese pedazo de paraíso que aun se puede recuperar.Gracias.
José Luis García Salazarwww.productividadorganizacional.com
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